Dilma afronta desafíos desde antes de su asunción al poder
Mantener la armonía en la coalición de gobierno, un reto que se sumará a la tarea diaria de gobernar.
Brasilia. Dilma Rousseff asumirá la presidencia de Brasil el próximo 1° de enero con el desafío de mantener la armonía en una variopinta coalición heredada de Luiz Inácio Lula da Silva, que abarca desde la izquierda moderada hasta la derecha más rancia. Las dificultades para lidiar con los 11 partidos que forman la coalición que la apoyó en las elecciones de octubre pasado y que formarán la base política de su gobierno ya emergieron en el proceso de elección de sus ministros, que Rousseff concluyó hace hoy una semana.Con una vida pública que la encontró como secretaria o ministra, la presidenta electa acabó por depositar su mayor confianza en el Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula en 1980, al que ella se afilió en 1999 y para el que era casi una desconocida hasta que el actual mandatario decidió convertirla en la candidata oficialista a su sucesión.En la formación de su gobierno, Dilma le ofreció al PT 17 de los 37 ministerios y dejó con seis al influyente Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al que pertenece su vicepresidente electo, Michel Temer. El resto lo distribuyó entre otros cinco de los 11 partidos de la coalición, de los cuales cuatro quedaron sin representación en el gabinete.El PMDB es la formación con el mayor número de gobernadores y alcaldes del país y, además, tendrá la segunda minoría en la Cámara de Diputados y la primera en el Senado que se instalarán el próximo 1° de febrero, lo que la convierte en el fiel de la gobernabilidad.Esa formación de centroderecha, que históricamente ha tenido unas relaciones complicadas con el PT, incluso puede aumentar su poder parlamentario si lleva a buen puerto unas negociaciones para atraer a disidentes del partido Demócratas (DEM), que se opuso a Rousseff en el proceso electoral.El propio Lula se valió del PMDB y lo llevó al gabinete en 2005, cuando esa formación entonces opositora le dio el apoyo necesario para salir ileso de un escándalo de corrupción que hizo tambalear al gobierno y descabezó a la cúpula del PT.Desde entonces, Lula se valió del bagaje político que acumuló durante cuatro décadas para mantener unida a una coalición dividida por profundas brechas ideológicas y fraguada solamente en torno a su figura.Rousseff contará en esa primera gran empresa política de su vida con la experiencia del ex ministro de Hacienda Antonio Palocci, un dirigente histórico del PT y muy cercano a Lula, a quien eligió como ministro de la Presidencia.Palocci ocupará una oficina vecina a la de Rousseff en el Palacio de Planalto, en un cargo que funciona como una coordinación general del gobierno y desde el que se controlan todos los resortes del poder.Los analistas y muchos políticos cercanos del PT consideran que, además, será el gran "bombero" del gobierno y quien dará la cara ante los partidos de la coalición, tarea que Lula ya llegó a confiarle durante algunos períodos de su gestión.Tal vez por su falta de experiencia en negociaciones políticas, Rousseff ha conformado su núcleo político "duro" con otros líderes del PT, como el nuevo titular de la Secretaría de la Presidencia, Gilberto Carvalho. Como contrapeso, al PMDB le confió las carteras de Turismo, Minas y Energía, Agricultura, Previsión Social, Asuntos Estratégicos y la de Defensa.

