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Un día de furia por amor a las armas

Se mantuvieron en silencio, casi inmóviles, durante los primeros días que siguieron a la matanza. Pedro Luque.

12 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Un día de furia por amor a las armas

Se mantuvieron en silencio, casi inmóviles, durante los primeros días que siguieron a la matanza. Agazapados, esperaron que pasaran los funerales de los 20 niños y las seis mujeres que el 14 de diciembre fueron masacrados en la escuela primaria Sandy Hook por un adolescente que disparó más de 200 balas con su fusil de asalto Bushmaster. Los sobrevivientes, tras días de insomnio y tratamientos psicológicos, ya volvieron a clases, aunque no en la misma escuela, que quedará marcada para siempre como escenario de una de las matanzas más salvajes de la historia violenta de Estados Unidos.Pasados los días de lágrimas, indignación y luto, los defensores de las armas comenzaron a hablar.Primero dijeron que la única forma de evitar masacres como la que estremeció a la pequeña localidad de Newtown es colocar un agente armado en cada escuela. Después aseguraron que para detener la violencia hay que proporcionar armas a más "personas buenas".Ahora, ante las restricciones que el gobierno de Barack Obama se comprometió a tomar –aunque todavía no está claro cuáles serán ni cómo se aplicarán–, los conservadores amantes de las armas, aglutinados en la poderosa Asociación Nacional del Rifle, comenzaron a organizar su "Día del Aprecio por las Armas de Fuego".En esta particular jornada, los estadounidenses están llamados a gastar dinero en las armerías, copar los campos de tiro, asistir a exposiciones que tengan que ver con la temática, usar de forma visible banderas estadounidenses y, si es posible, carteles con leyendas como: "Quita las manos de mis armas".Por si el mensaje no es del todo claro, los fundamentalistas de las balas eligieron proclamar su amor el 21 de enero, el mismo día que Obama asumirá su segundo mandato tras imponerse en las urnas el 6 de noviembre del año pasado ante el republicano Mitt Romney. Anestesiados. Los ataques con armas de fuego dejan unos 30 mil muertos al año en suelo estadounidense, y entre los jóvenes de 15 a 24 años, el homicidio es la segunda causa de muerte. En promedio, hablamos de unas seis muertes violentas por cada 100 mil habitantes, lo que en gran medida se explica por la posesión generalizada de armas y la práctica recurrente de guardarlas en casa, según organizaciones de salud del país norteamericano. Hasta ahora, ni las abultadas cifras de muertes ni las salvajes matanzas han podido con la tenencia de armas, un derecho que está garantizado por la Constitución, en una enmienda que es elevada a la categoría de mandamiento por el lobby de la multimillonaria industria productora de armas.Sin embargo, el asunto no se reduce a simple presión política en los pasillos del Capitolio y la Casa Blanca. Es una cuestión cultural, arraigada en la esencia misma del ser estadounidense. Si no, ¿cómo explicar que esta semana, en pleno debate tras la matanza de Newtown, el 66 por ciento de los residentes del estado de Virginia se haya manifestado a favor de colocar guardias armados en las escuelas?Está claro que para cambiar la violenta realidad de ese país no bastará con restringir el acceso a las armas. Mientras, los tiroteos siguen produciéndose con una frecuencia que parece anestesiar a los estadounidenses. El jueves, un adolescente fue herido por otro que disparó en una escuela en un pueblo de California. La policía llegó por las llamadas que recibió de otros estudiantes que se habían escondido en armarios de la escuela.