Desertó de las filas de Kadhafi y desarma las minas que él colocó
Un ex coronel del cuerpo de elitecuenta cómo huyó de Trípoli para sumarse a la causa de los rebeldes libios.
Bengazi. Hace menos de un mes servía en las fuerzas fieles al coronel Muamar Kadhafi, bajo cuyas órdenes ayudó a plantar 10 mil minas antipersona y antitanque en el enclave petrolero de Brega. Ahora, después de una deserción y una huida, volvió allí para ayudar a los rebeldes a desactivarlas. "Me ordenaron colocar minas antitanque y antipersona de fragmentación. Ahora volví para quitarlas. Unos 20 hombres vinieron conmigo, el resto lucha por Brega, por su país", aseguró en una entrevista este coronel de 44 años, experto en minas y explosivos y que, por seguridad, prefiere mantener su nombre en el anonimato.Vestido de civil y con dos hombres de escolta, este oficial que servía en la Brigada de élite Saadi –dirigida por Saadi Kadhafi, uno de los hijos del líder libio y encargada de la seguridad de Trípoli y del frente oriental de Brega– relató en la habitación de un hotel de Bengazi sus planes de deserción.Primero, su mujer y sus tres hijas abandonaron el país como refugiadas, en dirección a Túnez. Después llegó su turno.Contó que el día elegido fue el 20 de junio, durante un descanso para comer. Tal y como había acordado con un contacto, se desplazó hasta una zona de la costa de Trípoli donde lo esperaba una barca de pescadores, pero el motor estaba roto y tuvo que regresar, dijo el coronel, que no dejó de fumar en toda la entrevista.Sin embargo, sus ansias por desertar lo llevaron a intentarlo dos días más tarde, esta vez de forma desesperada. "No podía seguir obedeciendo sus órdenes. Una cosa es matar a un soldado enemigo, otra a tu propia gente. No podía", aseguró con los ojos humedecidos.Así que el 22 de junio, a las 20.30, abandonó las barracas con el pretexto de pasar revista a sus hombres. En lugar de eso, condujo su automóvil hasta su ciudad natal, Al Obari, a 70 kilómetros de la frontera tunecina, cruzando los controles gracias a su pase militar.El último tramo del camino lo hizo a pie. La tensión se disparó cuando sorteaba el último puesto fronterizo libio y no desapareció hasta que un oficial tunecino de frontera le dio una cálida bienvenida.Durante 48 horas respondió a los interrogatorios de los servicios de inteligencia tunecinos. Después pidió llamar a los soldados que hasta hacía pocos días habían estado bajo su mando. Se había dado cuenta de que la situación en Libia no era la misma que reflejaba el único canal que los militares no tenían prohibido ver, el canal estatal."Llamé a mi comandante de campo y le dije: 'Tienes que saber lo que en realidad está pasando. Ellos (los rebeldes) no son Al Qaeda. Kadhafi nos engañó todo este tiempo. Tienes que unirte a mí en Túnez'", explicó el coronel.Cuenta que durante varios segundos esperó una respuesta y después, como si no hubiera atravesado una frontera, desertado de un ejército, ni abandonado a sus hombres, al otro lado del teléfono se escuchó una voz temblorosa: "Sí señor, estamos contigo hasta la muerte".En los días siguientes, 85 de sus hombres, militares de élite, fueron llegando a Túnez para unirse a otros desertores y anunciar su fidelidad al Consejo Nacional de Transición, la máxima autoridad rebelde.Algunos de los combatientes decidieron unirse a la lucha que se lleva a cabo en las montañas occidentales, apenas 100 kilómetros al sur de Trípoli.Sin embargo, el coronel se embarcó rumbo al frente oriental: "Decidí volver con mis hombres a Bengazi y luego a Brega, tenía un trabajo por hacer", concluyó.

