Cuando la peor defensa es un injustificable ataque
Lo ocurrido el lunes pone en difícil situación a aliados históricos y estratégicos de Israel. Marcelo Taborda.
Los argumentos esgrimidos por el gobierno de Benjamin Netanyahu acerca de que los soldados que descendieron de helicópteros para abordar los barcos de la "Flota de la Libertad" sólo abrieron fuego para repeler una agresión y "en legítima defensa" chocaron no sólo con el repudio internacional, sino con las airadas críticas y condenas que ayer sonaron y se leyeron dentro de Israel.
La acción de sus comandos en aguas internacionales sobre una flotilla con promocionados fines humanitarios y presencia y cobertura globalizadas sugiere una torpeza inexplicable viniendo de dirigentes con el currículum político y militar del primer ministro, Benjamin Netanyahu, y el ministro de Defensa, Ehud Barak.
Si todo fue una provocación meticulosamente urdida por la propaganda pro palestina, ¿por qué las fuerzas israelíes actuaron de manera funcional a quienes diseñaron la presunta trampa?
"Ninguna explicación puede justificar o blanquear el crimen que se ha cometido, ni hay excusa para la estupidez con la que el ejército y el gobierno han actuado", dijo ayer el escritor David Grossman en el diario Haaretz , crítico desde la izquierda hacia las posturas de "Bibi" Netanyahu y otros halcones del Likud en el poder. Claro que en este reparto de responsabilidades no puede obviarse al laborista Barak, quien junto al desaparecido líder palestino Yasser Arafat y bajo la mediación de Bill Clinton, tuvo protagonismo clave en la acaso última iniciativa que estuvo cerca de sellar la esquiva paz en Medio Oriente.
Pero las críticas internas israelíes hacia la operación que acabó de modo sangriento en la madrugada del lunes no tuvieron posicionamiento ideológico y se dejaron ver también en medios conservadores de centro y de derecha.
Al argumento de que, muchas veces, las misiones declamadas como humanitarias han sido abastecedoras de armas que luego se usaron contra Israel, salieron al cruce otras voces que indicaron que, para desenmascarar una acción de este tipo, no era preciso ejercer la violencia ni actuar en alta mar.
Más allá de los resultados que arroje una investigación de los hechos -sobre la que quizá se siembren nuevas sospechas- el impacto de lo ocurrido frente a la costa de Gaza fue inmediato.
La imagen de país agresor y de escaso apego a leyes internacionales -de la que Israel no había aún logrado despegarse tras su última ofensiva militar sobre la Franja gobernada por Hamas- fue reforzada.
Si fundamentalistas del Movimiento de Resistencia Islámica o algún otro grupo idearon la "provocación", el Ejecutivo israelí que ordenó tan desproporcionada respuesta se convirtió en partícipe necesario de sus efectos.
En cualquier caso, además de repudios propios y ajenos que el "ataque preventivo" dejó en todo el mundo, lo ocurrido el lunes pone en difícil situación a aliados históricos y estratégicos de Israel.
El primero y más importante de ellos es Estados Unidos, que con Barack Obama en la Casa Blanca ya sufrió un desaire israelí a su vice, Joe Biden, con las polémicas construcciones en Jerusalén Oriental, y en las demoradas negociaciones que un enviado de Washington acababa de retomar en forma indirecta.
Otro lesionado, junto a los muertos y heridos del asalto a la flota, es el vínculo israelí con Turquía, devenido en interlocutor con el mundo islámico y en los atisbos de diálogo con enemigos históricos en el mundo árabe.
Los barcos no rompieron el bloqueo a Gaza, aunque hoy el "acto de defensa" pareció aislar a un país donde los estigmas ya hicieron mucho daño irreparable.

