Cuando la espera comienza a desesperar
Entre anoche y esta mañana, fueron tres votaciones. Y dos fumatas, ambas negras. Por Julio Perotti, enviado especial.
La gente que en La Plaza de San Pedro esperaba ver en esa costumbre ancestral de quemar los papeles la noticia de que la Iglesia católica tiene nuevo papa se quedaron con un dejo de amargura.
Cuando a las 11.30 salieron las primeras bocanadas de humo desde la pequeña chimenea sobre la Capilla Sixtina, el silencio de la gente se convirtió en un murmullo.
No más que eso: un respetuoso murmullo, como si estuviesen en la Iglesia y no pudiesen dejar de comentar que algo pasó.
Que en este caso no haya ocurrido lo esperado, la elección del Papa, dejó sensaciones contrapuestas.
Amadora Silva Da Rey, una misionera portuguesa, agarraba con más fuerza su rosario. “Espero confiada; estoy seguro de que Dios dirá su palabra y nos dará un pastor para todo el mundo”.
¿Tiene algún preferido? –le preguntamos.
No, hijo, es Dios el que decide, lo que yo quiera importa poco… --nos responde con mucha humildad.
Otros jóvenes, provenientes de Colombia, admiten que están en el Vaticano porque forma parte del imprescindible tour en Roma, pero nada que les atraiga de la elección de un papa. Más bien, murmuran en voz baja su mala suerte de no poder conocer la Capilla Sixtina ocupada por los cardenales. “Nos va a quedar tiempo”, se lamentaba una joven que dijo que el grupo provenía de Bogotá. “Pero no somos un colegio religioso”, aclara sin que se le pregunte.
Para el mediodía, el ingreso de turistas contrastaba con la salida de los fieles. Los que habían ocupado el centro de la plaza la dejaban y se volvía a formar una cola para el ingreso a la Basílica de San Pedro.
A los que los mueve la fe, parecen desesperar. Los que andan de paseo siguen su recorrida porque para ellos allí adentro no pasa nada.

