Crece el recelo del gobierno de Pakistán por acción de EE.UU.
La jerarquía militar del país donde se ocultaba el líder de Al Qaeda se reunió para analizar lo ocurrido.
Islamabad. La cúpula del ejército paquistaní se reunió en su cuartel general de Rawalpindi para discutir la situación después de que fuerzas especiales de Estados Unidos mataran a Osama bin Laden en el poblado de Abbottabad. La operación puso en evidencia a los militares paquistaníes, cuyo principal centro de formación se encuentra a un kilómetro escaso de donde se escondía el hombre más buscado del mundo. Nada se ha filtrado sobre el contenido de la reunión, pero el jefe del Estado Mayor, el gene-ral Ashfak Pervez Kayani, expresó su malestar: "No debiera cuestionarse el papel de Pakistán en la guerra contra el terrorismo".Sus palabras responden sin duda a la afirmación del director de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), Leon Panetta, de que no informó del plan a su contraparte paquistaní, el ISI, "porque no podía fiarse de que no lo filtraría". Consciente de ello y de las consecuencias que puede tener en la cuantiosa ayuda militar de Estados Unidos a Pakistán, el gobierno se apresuró a defender su trabajo.El ministro de Exteriores, Salman Bashir, declaró a la BBC que ya en 2009 su país mencionó el lugar a Estados Unidos como un posible escondite de Bin Laden "entre millones de otros". El primer ministro, Yusuf Guilani, de visita oficial en Francia, también insistió en que las agencias de espionaje del resto del mundo compartían con la paquistaní su fracaso en encontrar a Bin Laden.El ejército, hasta ahora una de las instituciones más respetadas de Pakistán, está teniendo por estas horas problemas para explicar su actuación durante la espectacular acción que ha llevado una vez más a su país a los titulares de todo el mundo.De hecho, para cuando los soldados paquistaníes alcanzaron el escondite de Bin Laden, los comandos estadounidenses debían de estar sobrevolando las montañas que separan Pakistán de Afganistán."Llegaron poco antes de las dos de la mañana", contó a este diario uno de los vecinos. "Los primeros soldados nos preguntaron dónde se había producido la explosión y les indicamos el camino", añadió otro haciendo un gesto hacia la casa, desde la calle principal de Abbottabad, a la entrada del barrio de Bilal. La explosión fue la que los propios comandos provocaron pa-ra destruir el helicóptero que les falló.Sin embargo, una vez que tomaron el control de la finca donde vivía el líder terrorista, los militares trataron de sacar el máximo partido a lo que allí encontraron. Enseguida establecieron un perímetro de seguridad y limitaron el acceso a sus especialistas, mientras la policía se encargaba de impedir el paso de reporteros y curiosos.Sólo cuando terminaron de retirar los restos calcinados del helicóptero de Estados Unidos y otros materiales de su interés, a primera hora de la tarde del martes, permitieron que la gente se acercara hasta el muro exterior de la vivienda que servía de escondite. Desde entonces han ido facilitando infor-mación fragmentaria y de for-ma anónima a los medios locales sobre lo que encontraron en su interior.Así se supo que una hija de Bin Laden contó que su padre fue capturado vivo y ejecutado por las fuerzas especiales estadounidenses. La niña es una de las 16 personas que los soldados encontraron maniatadas con bridas de plástico, entre ellas otros ocho niños de entre dos y 12 años, y tres mujeres.Una de estas, de la que la televisión GEO mostró el pasaporte, sería la última esposa del terrorista, Amal Ahmed Abdulfatah, nacida en Yemen en el año 1982 y quien, según los estadounidenses, recibió un tiro en la pierna tras interponerse para proteger a su marido. Dentro del recinto, de acuerdo con las versiones norteamericanas también hallaron cuatro muertos por herida de bala, un hijo de Bin Laden, un guardaespaldas y dos hermanos que podrían ser los dueños de la finca, Arshad y Tarik Jan.

