Cordobeses ahorraron para poder ver al Papa
Son jóvenes de Jesús María y Colonia Caroya, que empezaron a planear el viaje antes de que Francisco fuese elegido como nuevo pontífice. Julián Cañas, enviado especial.
Julián Cañas, enviado especial a Río de Janeiro. Faltaban más de cinco horas para que el Papa pasara por la avenida Atlántica, presidiendo el Vía Crucis. Sin embargo, un grupo integrado por jóvenes de Jesús María y Colonia Caroya desafiaron el tiempo cambiante del mediodía de ayer, haciendo una interminable vigilia para ver de cerca a Francisco. En realidad, la espera de más de cinco horas no tiene comparación con el trabajo y el ahorro que hicieron durante más de un año para conseguir los fondos para llegar a esta ciudad, capital del turismo internacional, esta semana copada por jóvenes de todo el mundo.Acompañados por el párroco Román Balossino, el grupo de cordobeses realizó distintas actividades para conseguir los recursos para poder viajar. Hay que tener en cuenta que cada peregrino debió abonar 300 dólares para inscribirse y recibir alojamiento, comida y transporte para participar de la Jornada Mundial de Juventud. Antes de Francisco. Micaela Caldino es la más verborrágica y se notaba que tenía cierto liderazgo en el grupo. Contó que comenzaron a planificar y ahorrar para el viaje, aún antes de que Jorge Bergoglio se transformara en Francisco. "Es un milagro. Cuando empezamos a trabajar y ahorrar para este viaje, no sabíamos que nuestro papa sería argentino. Imaginate lo felices que somos ahora estando tan cerca de Francisco, que siempre tiene un mensaje para nosotros. Estamos muy emocionados de vivir esta experiencia con otros jóvenes de todo el mundo, pero sobre todo por escuchar a nuestro Papa". Los jóvenes de la capital de la doma y el folclore, comentan que el verano pasado trabajaron en el histórico festival para recaudar fondos. "Hicimos de todo: rifas, feria de platos, hemos pintado paredes y hasta pusimos un hospedaje durante el último festival de folclore para poder conseguir fondos. Más allá de lo que pudimos hacer, nuestras familias también hicieron un gran aporte económico para que pudiéramos viajar", agregó Micaela.El párroco Balossino, rector de un instituto secundario, tampoco ocultó su emoción por esta aventura de viajar más de 3.500 kilómetros en ómnibus para ver y escuchar al Papa. "Es una experiencia riquísima. Además, nos encontramos desde hace unos pocos meses con la sorpresa de tener a un papa argentino y tan cerca de los jóvenes. No tengo dudas de que la juventud del mundo, y en especial la argentina, no será la misma con Francisco. Tenemos un Papa muy comprometido con los más débiles y con el futuro que son los jóvenes", agregó el cura.Este grupo de Jesús María y Colonia Caroya ayer hizo una larga vigilia en la avenida Atlántica, ya que el miércoles pasado estuvieron más de cinco horas bajo la lluvia, pero no pudieron ingresar a la catedral carioca para participar del encuentro con Francisco. "No pudimos entrar por poco. Cuando cerraron las puertas de la catedral estábamos a 10 metros de poder ingresar. Hoy (por ayer) no nos pasará lo mismo. Acá esperaremos a Francisco para saludarlo y darle mucha fuerza", resumió Caldino, integrante de otro grupo de cordobeses que hizo un gran sacrificio para estar junto a Francisco. Emoción. Otros peregrinos cordobeses también vivieron un momento especialmente emotivo. Sebastián Cañas y Vanesa López, quienes el miércoles le contaban a este diario su experiencia en la Jornada de Juventud, consiguieron que ayer el Papa besara a su niño, Tobías. Fue en el marco del imponente Vía Crucis efectuado en Copacabana, en los traslados del papamóvil. Los jóvenes argentinos contaban anoche, sumidos en llanto, el conmovedor momento que vivieron tras su largo viaje a Brasil.
Ayer, el papa Francisco recibió en sus brazos al pequeño hijo de un matrimonio cordobés y le dio su bendición.
Marcelo Galeano almorzó con el Papa
Un joven entrerriano. Marcelo Galeano, de 23 años, compartió ayer un almuerzo con Francisco. Fue elegido como traductor para el encuentro del Pontífice con jóvenes de distintas partes del mundo.
Muy simple. "Es un padre, es un pastor. Más allá de ser el Papa, no perdió las cosas simples de la vida, saludar, sonreír, hacer chistes. Al inicio estábamos todos medio callados, y él pregunto por qué estábamos callados. "¿Quién es el caradura que iba a hablar primero?", dice.
Y le digo: “Santo Padre, es que no todos los días almorzamos con el Papa”, relató ayer Galeano al diario La Nación.

