Colombia: un país en pie de guerra en busca de la paz
La confirmación que el presidente Santos dio a los contactos con la guerrilla despertó esperanzas, pero desnudó contradicciones en un país golpeado por décadas de guerra.
Cartagena. La audacia política del presidente Juan Manuel Santos en busca de la paz despierta la esperanza de un país acosado por la violencia. Pero también pone al rojo vivo las contradicciones de los sectores gobernantes, que se encarnan en una población que ya vio el fracaso de numerosos procesos anteriores. Uno se siente tentado de proclamar que está viviendo un momento histórico. Los diarios de las principales ciudades abrieron sus ediciones de ayer con el avance de las negociaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), admitidas, en un gesto de audacia, por el presidente Santos en un breve discurso de menos de tres minutos, transmitido por la cadena nacional en la noche del lunes.Programas de televisión, como Cable Noticias 24 Horas , dedican gran parte de su programación a la difusión de informaciones, entrevistas a personajes influyentes, encuestas callejeras y columnas de opinión vinculadas con el anuncio, y otro tanto hacen las radios.La conmoción fue desencadenada por el canal venezolano Telesur. Su director de información, el colombiano Jorge Enrique Botero, reveló que el gobierno de Santos y el grupo guerrillero habían firmado en Cuba un acuerdo para iniciar diálogos de paz el 5 de octubre en Noruega. Ambos países –Cuba y Noruega– serían garantes de los acuerdos, mientras que Venezuela y Chile serían facilitadores de las conversaciones. El diario El Tiempo de Bogotá, uno de los más influyentes del país, tituló su edición de ayer con una frase del presidente: "Cualquier proceso debe llevar al fin del conflicto"; y, en la bajada, aclaró: "Santos confirma acercamiento con las Farc y le abre la puerta al ELN" (Ejército de Liberación Nacional, el otro grupo guerrillero vigente, que lidera el veterano Nicolás Rodríguez, "Gabino"). En páginas interiores, se dijo que los participantes en las reuniones de La Habana fueron el ministro de Medio Ambiente y ex comisionado de paz, Frank Pearl, y el asesor presidencial Sergio Jaramillo, por el Gobierno, y Jaime Alberto Parra y Rodrigo Granda por las Farc."Señales de paz" fue el título sugerente de la portada de El Espectador , ubicado debajo de una gran foto en la que un Santos, 10 años más joven, estrecha la mano a Iván Ríos, miembro de las Farc, quien luce su uniforme de guerrillero cruzado con armas diversas. Fue en 2001, en el último gran proceso de paz, iniciado en 1998 por el presidente Andrés Pastrana y que terminó en rotundo fracaso. El contacto directo con las Farc no es nuevo para Santos; ni son novedosas las conversaciones de paz, encaradas por casi todos los últimos mandatarios colombianos, incluido el antecesor de Santos, Álvaro Uribe, convertido hoy en principal opositor.Precisamente, El Heraldo de Barranquilla tituló: "Diálogos con Farc enfrentan a Santos con Álvaro Uribe", y en una entrevista se le dio la palabra al ex presidente, a quien días atrás, un columnista le aconsejaba que "cambiara de peluquería" porque sus denuncias de tratativas en Cuba parecían chismes sin asidero."Diálogo de paz favorece la reelección de Chávez" fue el título que resumió la visión de Uribe, quien afirmó: "El giro radical del presidente Santos se da en vísperas de las elecciones de Venezuela. Es grave que la publicidad electoral de la dictadura de Chávez se dé con una negociación con el terrorismo colombiano". Posiciones irreconciliables. El periodista le recordó que el fiscal General de la Nación había dicho que prefiere a Timoshenko (actual líder de las Farc) y a Iván Márquez en el Congreso y no haciendo terrorismo. A lo que Uribe respondió: "Es un pésimo ejemplo para el país que el fiscal General dé esa declaración frente a terroristas incursos en delitos de lesa humanidad. ¿Qué pensará el país del fiscal acusando a militares, a funcionarios honestos y a colombianos sencillos, pero indulgente con el terrorismo?". Sin duda, dos miradas irreconciliables que revelan la honda división de sectores dominantes y se proyectan a una sociedad en la que quedan pocos que sin recibir heridas directas en 60 años de guerra, no sólo entre las Farc y el Ejército, sino también con ingredientes tenebrosos, como el narcotráfico y los paramilitares. "'Tirofijo' era un liberal", dice el periodista Óscar Escamilla, recordando una etapa de la historia que se conoce, vaya paradoja, como "La Violencia". El legendario comandante y fundador de las Farc se fue a la selva hace 50 años huyendo de las balas de los conservadores, durante la sangrienta batalla por el poder, entre los dos partidos que entonces existían en Colombia, que se desató tras el asesinato del líder liberal progresista Jorge Eliécer Gaitán. Gaitán era una amenaza para el establishment y su muerte soliviantó, primero, a las masas insurgentes en el llamado Bogotazo y, luego, provocó un baño de sangre que, entre 1948 y 1965, arrasó 200 mil vidas. Como en todo el continente de las venas abiertas, la oligarquía amenazada se transformó en una máquina de matar.Es el huevo de la serpiente de la realidad que el presidente Santos intenta poner en el camino de la paz. No es nada fácil: tantos años de enfrentamientos fratricidas no sólo regaron con sangre la tierra colombiana. También fueron construyendo lazos, estructuras y entramados osificados por el tiempo y que constituyen ya un modo de vida, pese al asombro que causan algunas de sus manifestaciones a cualquier observador extraño.Hay muchos indicios en la vida de los colombianos que atestiguan la profundidad a la que llegó su veneno. Pero, hasta las manifestaciones periodísticas transmiten esa realidad.En realidad, el momento histórico se producirá cuando se firme la paz. Mientras tanto, la guerra sigue.

