Una cicatriz en Manhattan
“Nunca los olvidaremos” proclama uno de los murales dorados en donde los turistas se sacan fotos en las inmediaciones de la manzana Cero. Carlos Petroli.
Enviado especial a Nueva York
"Nunca los olvidaremos" proclama uno de los murales dorados en donde los turistas se sacan fotos en las inmediaciones de la manzana Cero. Transcurren los días previos al 10º aniversario del 11-S. Y lo que era un inmenso cráter, una herida profunda en la tierra, está ahora ocupado por máquinas que trabajan a todo vapor, también en horas nocturnas, para llegar a tiempo con el nuevo espacio conmemorativo.Vehículos policiales, ubicados en puntos estratégicos adyacentes, conforman la seguridad, en actitud pasiva, sin perturbar el constante flujo de personas de diferentes nacionalidades que se acercan para ver el lugar donde hace 10 años estuvieron las torres gemelas.Un alto vallado se mantiene alrededor de la emblemática manzana.El guía que describe los lugares más significativos del downtown de Nueva York, a bordo de un micro con el piso superior descubierto (los coloridos double decker ), imprime un tono grave a su discurso y ensaya una suerte de responso cuando el vehículo se acerca al lugar. En un extremo de la gran plaza con dos fuentes donde antes se ubicaban las torres, y que será inaugurada mañana, ya toma forma avanzada el rascacielos principal del complejo que reemplazará al World Trade Center.Se trata de la Torre de la Libertad o, como algunos prefieren, el One World Trade Center (Centro de Comercio Mundial Uno), para respetar el nombre original de la Torre Gemela norte. Una porción de la superficie está reservada a un museo y también tendrán ubicación otros rascacielos, restaurantes y comercios que darán servicios al histórico sitio.Mientras, a toda hora, desfilan miles de visitantes de todo el mundo. Por ahora, los murales aledaños que reflejan la arrojada acción de los bomberos con las torres en llamas constituyen la postal más emotiva que se llevan como recuerdo.La arquitectura de las fuentes conmemorativas fue encargada a Michael Arad, uno de los sobrevivientes del ataque, que se encontraba en la torre norte del WTC cuando los aviones impactaron en su estructura el 11 de septiembre de 2001.Pese a la cercanía del aniversario, basta con dar un paseo por la gran manzana un fin de semana para advertir que la vida cotidiana de la ciudad sigue su curso. El movimiento febril y el bullicio de una urbe cosmopolita e interesante entregan por momentos un aire ajeno a la tragedia.Las calles con mayor concentración de negocios en la zona de Broadway o la Quinta Avenida desde el Parque Central hacia el sur de la isla se llenan de gente que busca el entretenimiento al aire libre o promociones de diferentes productos de la moda. Para esa masa anónima, el 11-S reaparece cada tanto como una cicatriz en el cuerpo herido de Manhattan.

