Una chispa en China
Por ahora es una lucha de periodistas contra autoridades de propaganda. ¿Puede ser el comienzo de algo más? Alejandra Conti.
Por ahora es una lucha de periodistas contra autoridades de propaganda. ¿Puede ser el comienzo de algo más? Ocurre en Cantón, capital de Guangdong, la provincia más rica de China y la más liberal dentro de los límites que impone el régimen comunista. Un editorial publicado por Semanario del Sur , un medio que intenta ir más allá de las restricciones, reclamaba a las autoridades un gobierno constitucionalista.Las autoridades de propaganda locales, que aplican censura previa a los contenidos, consideraron que el editorial era improcedente y lo reemplazaron por una nota que alababa al Partido Comunista Chino (PCCh).Los periodistas protestaron y declararon una huelga de dos días contra la censura. Decenas de manifestantes se congregaron frente a la sede del semanario para adherir a la protesta.La repercusión que tuvo el caso gracias a las redes sociales, a pesar de las restricciones que pesan sobre Internet, obligó al gobierno local a negociar. El tema fue cuestión de Estado. Un estallido social por esa causa podría haber tenido consecuencias imprevisibles y había que frenarlo.Hubo negociación. Los periodistas no serán castigados y las autoridades de propaganda provinciales no intervendrán en los contenidos antes de la publicación. Tienen otras formas de controlar, como el manejo de la publicidad oficial, por ejemplo. Una luz de alerta. Esta protesta que puede parecer tibia para nuestros estándares (decenas de manifestantes en una provincia con 100 millones de habitantes) es heroica en el marco de la política represiva del gobierno chino. El episodio muestra el hartazgo que se anima a expresar la creciente clase media china, más urbana, más educada y con acceso a fuentes de información no oficiales y extranjeras.Sin embargo, las cosas no son tan fáciles.Inmediatamente después de superado el incidente, una orden del gobierno central mandó reforzar los controles y a evitar que las expresiones de solidaridad con los periodistas del semanario siguieran trascendiendo.Al día siguiente, un comunicado del PCCh estableció: "El partido tiene el control absoluto sobre los medios en China; este es un principio inquebrantable. (…) es de sentido común que, con la realidad social y política de China hoy, es imposible tener el tipo de medios de comunicación libres con los que sueñan (periodistas y manifestantes de Guangdong)".Como es habitual en estos casos, el gobierno central acusó a intereses extranjeros por este incidente, lo que en realidad marca una continuidad de eventos similares que se repiten desde hace varios años.La novedad es que esta vez ciudadanos comunes se sumaron a los reclamos por mayor libertad de prensa y que la repercusión en Internet fue mayor aún.En Weibo (el Twitter chino, la versión original está bloqueada en China) personalidades muy populares, algunas con millones de seguidores, se manifestaron a favor del semanario y sus periodistas. Yao Chen, una actriz que tiene 32 millones de seguidores, incluyó una cita de Aleksandr Solzhenitsyn, escritor ruso, disidente y Premio Nobel de la Paz. "Una palabra de verdad pesará más que el mundo entero", fue la frase que tuiteó Yao. ¿Qué esperar? El gobierno chino fue renovado el 8 de noviembre pasado. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo recordó cuando habló al día siguiente del cacerolazo registrado en esa fecha en varias ciudades argentinas. El recambio no fue por el voto popular, sino por negociación interna en el Congreso del PCCh. El nuevo secretario general, Xi Jinping, preside un comité de siete miembros, sin mujeres, como es norma.En su discurso ante el Congreso, Xi Jinping, que recién en marzo asumirá la jefatura de Estado, prometió un gobierno más abierto. No explicó cómo, pero hay mucho por hacer.Uno de los temas que el gobierno sabe que genera más descontento es la existencia de los campos de reeducación por el trabajo. Se trata de verdaderos campos de concentración a donde puede ir a parar cualquier ciudadano por discutir una multa con un policía, por ejemplo. Son más numerosos entre los prisioneros los disidentes políticos y activistas de cualquier causa que no sea la del partido. No hace falta juicio para esa condena. Los detenidos pueden estar allí hasta cuatro años sin proceso.Según expertos, estos campos violan la Constitución china y esto es lo que reclamaban, entre otras cosas, los periodistas de Guangdong.El tiempo dirá si este incidente dispara algo más que una chispa, pero sin duda todo suma.

