En la Casa Rosada prevén una continuidad conservadora
Entre los papables argentinos, el Gobierno inclina sus preferencias en favor de Leonardo Sandri, por cuanto Jorge Bergoglio es ubicado en la vereda opositora.
Buenos Aires. Si bien carece de incumbencia en las cuestiones del Estado Vaticano, el Gobierno nacional tiene su preferencia sobre el próximo jefe de la Iglesia Católica en caso de que la sucesión llegara a dirimirse entre los dos papables argentinos.
El pronóstico al máximo nivel del Gobierno es, sin embargo, que habrá una continuidad política entre el renunciante Joseph Ratzinger y su sucesor. “No es previsible ningún cambio brusco”, dijo a La Voz del Interior una fuente oficial interiorizada de los bemoles vaticanos.
Sostuvo que el más probable reemplazante del alemán es el arzobispo de Milán, el cardenal Angelo Scola, de 68 años, jefe de Comunión y Liberación, un movimiento de fuerte ascendencia entre los laicos y que, contrariamente a lo que su nombre sugiere, está cercano al Opus Dei. “Políticamente, habrá un estricto conservadurismo”, dijo la fuente.
Obvio conocedor de las entretelas vaticanas, el embajador argentino ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, descartó ayer un pronunciamiento de la presidenta Cristina Fernández a favor de alguno de los cardenales papables que integran el consejo pontificio de alrededor de 120 miembros y que el mismo 28 de febrero, día del retiro de Benedicto XVI, empezarán "la rosca" hasta la "fumata bianca".
“El Gobierno no va a dar una opinión sobre quién tiene que ser el Papa. Descártelo. Ningún gobierno opina sobre la decisión de otro Estado. Esas son decisiones soberanas. No tenemos una opinión sobre estos temas”, afirmó Cafiero a la prensa. Ciertamente, ningún gobierno opina, pero cuando está por decidirse al próximo jefe de la Iglesia Católica, la fuente consultada por este diario dijo con cierta ironía que “cada Presidente querría poner a su Papa”, en función de su nacionalidad.
Papables locales. Por eso, la Casa Rosada tiene su preferencia ante el caso de que la elección fuera entre los dos argentinos papables, el ítalo-argentino Leonardo Sandri y Jorge Bergoglio. Desde hace décadas funcionario de carrera (entre otros cargos, fue observador de la Santa Sede ante la Organización de Estados Americanos a finales de los ´80 y ocupó el cargo equivalente a vicecanciller del Vaticano), Sandri, de 68 años, actual director del departamento vaticano de las Iglesias Orientales, adquirió notoriedad pública por haber leído los últimos mensajes que transmitió Juan Pablo II cuando su enfermedad no le permitía pronunciarlos por sus propios medios.
Ocho años mayor, Bergoglio, el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires y primado de la Argentina, ya estuvo en la pelea por el papado, que terminó a favor del alemán Ratzinger. Por entonces el jesuita Bergoglio llegó a reunir el voto de 40 de los 120 cardenales del consejo, hasta que dio un paso al costado y favoreció así la elección de Benedicto XVI.
Cafiero, en tanto embajador, eludió pronunciarse entre Sandri y Bergoglio e incluso ante la posibilidad de que el sucesor sea un argentino: “No creo que lo beneficie. No es que yo tenga algún grado de incidencia. Si la política se mete, entorpece muchísimo a cualquier persona. Tenemos que ser respetuosos, ellos tienen su sistema de elección”, afirmó.
Pero entre uno y otro, la preferencia de la Presidenta es obvia. “Bergoglio es enemigo del Gobierno”, sentenció la fuente oficial requerida por este diario, que se ocupó en insistir: “Al Gobierno no le interesa poner papas, del mismo modo que no le gusta interferencia de ninguna especie en su gestión”.
La misma fuente se encargó de contrastar la permanente posición opositora de Bergoglio hacia la Casa Rosada con el comportamiento que tuvo Sandri cuando en diciembre pasado fue recibido en su despacho por Cristina Fernández. “Argentina está llena de fe”, fue el comentario que le hizo a la Presidenta el ítalo-argentino, hoy papable.
Sobre la decisión de Benedicto XVI, Cafiero se dijo “sorprendido” y negó la existencia de rumores que hicieran prever tal determinación. Pero la fuente consultada dijo que desde hacía un mes el Gobierno argentino tenía información de que Ratzinger “se desplazaba dentro de San Pedro en un carro eléctrico”.
También dio por sentado que la Presidenta asistirá, como lo hizo en 2005 junto a Néstor Kirchner cuando asumió Benedicto XVI, a la ceremonia de ascenso del próximo jefe de la Iglesia Católica una vez que haya "fumata bianca".

