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Cardoso ve difícil construir puentes; Dirceu desmiente que vaya a regresar

El ex presidente no cree en una posible conciliación entre gobierno y oposición el año que viene. El ex hombre fuerte de Lula afirmó que no estará en el gobierno de Dilma porque debe responder a la Justicia.

01 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cardoso ve difícil construir puentes; Dirceu desmiente que vaya a regresar

Enviado especial a Brasilia

Más allá de las señales y declaraciones vertidas al momento de votar por Lula da Silva, Dilma Rousseff y José Serra, protagonistas excluyentes de esta suerte de "balotaje de a tres", hubo figuras de peso que tampoco se quedaron callados a la hora de emitir el sufragio. Así, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, fundador del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y presidente del país entre el 1° de enero de 1995 e igual fecha de 2003, cuando traspasó el poder a Lula, repitió las críticas que en la campaña formuló al actual mandatario, y deslizó su pesimismo acerca de una posible conciliación entre gobierno y oposición el año que viene.En alusión a una apelación de Rousseff para establecer puentes entre la coalición liderada por el Partido de los Trabajadores (PT) y quienes hasta ayer fueron sus rivales del balotaje, el PSDB y sus aliados de la fuerza derechista Demócratas (DEM), Cardoso no ahorró dureza. "El PT y el gobierno de Lula fueron dinamitadores de puentes. ¿Cómo voy a creer en quien usa la dinamita para hacer puentes?", sostuvo el ex mandatario "tucano", quien figuró poco en la campaña de su correligionario Serra.Cardoso también fustigó el proselitismo de Lula, el empleo de recursos públicos o actos de gobierno en la campaña y la conducta del ex tornero mecánico con respecto a la oposición. "El gobierno de Lula se caracterizó por la intolerancia. Espero que eso cambie", dijo, y aclaró que no estaba admitiendo una derrota de su partido de manera anticipada. Citó su propia experiencia cuando se creyó prefecto por lo que decían las encuestas y el veredicto de las urnas fue otro.Por último, mientras caminaba por una calle paulista de regreso a su casa, el ex presidente dejó una reflexión para el que fue su sucesor, a quien le ganó dos elecciones en primera vuelta (en 1994 y 1998) y con quien mantuvo agrios cruces verbales. "Este asunto de la presidencia no es divino, es un momento de la vida y después hay que poner de nuevo los pies sobre la tierra", apuntó."Brasil necesita pensar más sobre su futuro", concluyó Cardoso, cuyo atribulado final de gestión, entre privatizaciones sospechadas de corrupción y crisis de la economía, fue comparado por el actual oficialismo con la despedida triunfante de Lula, en uno de los ejes sobre los que machacó el PT en las cuatro semanas de campaña previas a la segunda vuelta. Carrera trunca. Pero las declaraciones de Cardoso no fueron las únicas que retumbaron ayer en la mañana en las veredas de la megalópolis latinoamericana. También en San Pablo y con perfil mucho más bajo, votó muy temprano José Dirceu, el ex hombre fuerte del gobierno de Lula y del PT, que debió salir del primer plano de la escena política a raíz del mensalao , el escándalo por sobornos pagados por el oficialismo a legisladores opositores para sacar leyes clave en el Congreso. Producto de ese escándalo, desatado en 2005 y que estuvo a punto de abortar la reelección de Lula en octubre de 2006, dirigentes de fuste del partido como Dirceu y el ex ministro de Economía Antonio Palocci, entre otros, debieron dimitir.Palocci pareció recuperar protagonismo como asesor en la campaña de Dilma y se lo vio junto a ella en los recientes debates, por lo que muchos especulan con un eventual regreso a algún ministerio aquí en Brasilia.El regreso de Dirceu, de pasado guerrillero como Rousseff, fue en cambio el fantasma que agitó el PSDB para descalificar la posible continuidad del "lulopetismo" (según la terminología acuñada por el columnista de la Folha de Sao Paulo Clovis Rossi) en el Palacio del Planalto.Ayer, tras votar, el propio Dirceu, quien antecedió a Dilma en la jefatura de Gabinete de Lula, dijo con énfasis sobre su eventual incorporación al futuro gobierno: "No puedo, no quiero y no debo. Sé cuál es mi lugar en Brasil. Sé que tengo que arreglar cuentas con la Justicia (…) Ahora quiero ser juzgado, porque yo fui prejuzgado, fui linchado", sostuvo quien pintaba cinco años atrás como potencial "sucesor natural" de Lula y fue uno de los artífices del viraje del PT para convertirse en una opción cierta de poder, a comienzos de la primera década del siglo 21.