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Cardenales, cuervos y otras aves

Los fieles sinceros esperan que muchos de todos estos rumores no sean verdad y que la verdad no se guarde en un secreto de confesión. Marcelo Taborda.

30 de mayo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cardenales, cuervos y otras aves
Sombras. Las filtraciones salpican al Vaticano (AP).

"Si quieren saber el destino de Emanuela Orlandi, busquen en la tumba de Enrico de Pedis", dijo una enigmática voz femenina que luego se atribuyó a Sabrina Minardi, durante una década amante de aquel capo de la Banda de la Magliana, muerto a tiros en febrero de 1990 en una calle romana. Emanuela era la hija de un empleado del Vaticano y tenía 15 años cuando desapareció una tarde de junio de 1983, entre su casa y el lugar donde tomaba clases de música. Su caso fue motivo de reclamos de justicia de parte de familiares que encontraron poco eco y ninguna respuesta convincente. De Pedis era un mafioso cuyos restos fueron sepultados en una cripta en la Basílica de San Apolinar, vecina de la Plaza Navona, administrada por el Opus Dei. El cuerpo de Enrico o "Renatino" fue colocado en un ataúd que, a su vez, estaba inserto en otros dos, a la usanza de los papas, según dijeron entendidos, y cerca de cardenales, según revelaron testigos.Un antiguo prior de San Apolinar explicó tiempo atrás que el lugar de sepultura fue cedido por la Iglesia a De Pedis por sus contribuciones y generosidad con los más pobres. Un allegado a la familia del mafioso dijo que su viuda obló, en su momento, el equivalente en liras a unos 450 mil euros por la última morada. Lo cierto es que cuando un par de semanas atrás la tumba se abrió, en la misma cripta se hallaron restos de otra u otras personas cuya identidad se investiga. La trama del caso Orlandi, que en su momento se relacionó con la organización ligada al turco Alí Agca (que atentó contra Juan Pablo II), también pareció conectarse con el quebrado Banco Ambrosiano, la logia Propaganda 2 y el oscuro accionar del arzobispo Paul Marcinkus, "el banquero de Dios". Además de la escasa transparencia financiera, el nombre de Marcinkus fue asociado a la temprana y sugestiva muerte del papa Juan Pablo I, 33 días después de ser ungido en el sillón de Pedro, en agosto de 1978. Fechas, nombres, datos se cruzan a esta hora en Roma, y no por azar, tras la detención de Paolo Gabriele, el mayordomo de Benedicto XVI, acusado de robar y filtrar cartas y documentos secretos del jefe de la Iglesia.Mientras en el Vaticano el portavoz Federico Lombardi desmentía la existencia de más "cuervos" o traidores o excluía a cardenales de la trama, en la Plaza San Pedro aparecían carteles pidiendo justicia y verdad por Emanuela, exhibidos por quienes abuchearon al Pontífice.Todo ocurrió tras la publicación del libro Su Santidad, los documentos secretos de Benedicto XVI , de Gianluigi Nuzzi, donde se habla de una supuesta descarnada puja entre Joseph Ratzinger y su "número 2", el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone.El libro recoge desde el sugestivo desplazamiento de Carlo María Vigano de un puesto adonde Benedicto lo habría ubicado para limpiar los manejos de la Santa Sede hacia la nunciatura apostólica en Washington, a raíz de supuestas presiones de Bertone, hasta un presunto complot para matar a quien este mes cumplió 85 años de vida y siete como Pontífice.Los papeles filtrados también traslucen una sórdida puja por la sucesión del Papa alemán, quien a su vez ya tendría apuntado como su "bendecido" al actual arzobispo de Milán, Ángelo Scola. Otras filtraciones aluden a la destitución de Ettore Gotti Tedeschi como titular del Instituto para las Obras de la Religión, el IOR o Banco Vaticano, quien habría caído a instancias de Bertone, pese a que Benedicto lo había promovido en el puesto para que ordenara a esa institución y no quedara bajo sospecha de blanqueo de dinero, algo que le imputan instituciones financieras de Europa. En esta densa trama, también se conoció una carta al Pontífice de Giampiero Gloder, un sacerdote italiano que sugería a Benedicto no hablar del caso Orlandi para no dar la idea de que la Iglesia conocía más de lo que informó. Pietro Orlandi, hermano de Emanuela y quien lidera cada marcha por ella, vive en el mismo edificio donde hasta hace poco residía el mayordomo con su esposa y tres hijos. Una familia confía en la inocencia de un hombre que promete contar su verdad. Otra espera por una verdad por la que lleva luchando casi tres décadas. Todo entre los muros de uno de los estados más pequeños pero a la vez más influyentes del mundo.Los fieles sinceros esperan que muchos de todos estos rumores no sean verdad y que la verdad no se guarde en un secreto de confesión.