Una calle, una plaza y dos mensajes inadvertidos
Octava cuadra del Jirón de Huanta, zona de Barrios Altos del cercado de Lima. Marcelo Taborda, enviado especial a Lima.
Octava cuadra del Jirón de Huanta, zona de Barrios Altos del cercado de Lima. Los balcones sobre el número 840 no son de madera ni entrañan la belleza de otras zonas restauradas del centro viejo de la ciudad. Parecen a punto de desprenderse. Asomarse al ingreso de la vivienda de tres plantas, con un portón precario que cierra un habitante del lugar –temeroso de lo que puedan husmear ojos de periodistas–, es remontarse a una historia reciente de Perú, cuya repercusión el domingo pasó casi inadvertida.El 3 de noviembre de 1991, cuando los vecinos del lugar organizaban una "pollada" pa-ra recaudar fondos con los que reparar los inmuebles que evidenciaban ya deterioro y olvido gubernamental, el encuentro fue interrumpido con violencia por seis encapuchados armados. Los asaltantes, eran miembros del temible Grupo Colina, enlace entre un escuadrón de la muerte y el comando del ejército articulado por Vladimiro Montesinos, ex jefe de Inteligencia de Alberto Fujimori. Los paramilitares llegaron a las 23.30, con el dato de que miembros de Sendero Luminoso tenían una reunión. Una tesis es que el encuentro de senderistas ocurría un piso más arriba de donde los vecinos compartían la cena benéfica. Pero fue abajo donde comandos iniciaron la balacera que acabó con 15 muertos, entre ellos un niño de 8 años, y cuatro heridos, entre ellos alguien que nunca más pudo caminar. El hecho, la masacre de Barrios Altos, fue una de las que sentó en el banquillo a Fujimori y le valió condena por crímenes de lesa humanidad. A casi 20 años de aquel suceso, en el lugar no hay placas ni indicios que alerten a desprevenidos sobre su valor histórico. Sólo el mismo olvido y precariedad que se pretendía combatir con aquella "pollada".De las escalinatas del solar contiguo baja Domingo Bazalar, con una bolsa de chauchas que irá a devolver al mercado porque le vendieron la mitad podridas. Mecánico de autos de profesión, pero retirado hace unos años, es uno de los que votó a Humala y a su promesa de "Pensión 65", que promete subsidios a quienes no posean o tengan exiguos ingresos, además de elevar las jubilaciones que a veces no llegan a 600 soles. Domingo se anima a hablar y lo hace en voz alta. "Humala es un hombre que va por los intereses del pueblo. Todos los otros son millonarios, como el señor 'PPK' (Pedro Pablo Kuc-zynski) que tienen mansiones en Estados Unidos, como (Alejandro) Toledo que sólo vuelven al Perú para ver si pueden ganar elecciones". Levantando la vista hacia la parroquia de Santa Ana emerge al final de la calle el cerro San Cristóbal. Las casas multicolores del Rímac que pincelan su base chocan con una gigantesca pintada a favor del economista liberal (PPK) que acabó tercero el 10 de abril. Al margen del progreso. Bazalar, en arenga que convoca a ocasionales escuchas, dice que un triunfo de Keiko hubiera implicado indefensión y se detiene en la figura del padre de la ex candidata de Fuerza 2011. "Es una persona deshonesta, que delinquió, que envió a matar a la gente. Por acá pasó (Vladimiro) Montesinos", prosigue Bazalar quien hace más de 65 años trepa los escalones de madera a punto de colapsar, como el condominio en el que viven unas 50 personas repartidas entre 10 o 12 familias. Algunos parientes de las víctimas de Barrios Altos se mudaron para dejar atrás pobreza y malos recuerdos, tras cobrar indemnizaciones. Otros, siguen en el lugar con temor al desalojo por derrumbe. En éste, como en vastos sectores de la capital peruana, las reformas estructurales no tienen la celeridad de las restauraciones estéticas de las calles aledañas a la Casa de Pizarro y la esplendorosa Plaza de Armas.Buena parte de esos excluidos como Bazalar, bajaron el domingo a la tarde a celebrar a la Plaza Dos de Mayo y esperaron al mandatario electo hasta la madrugada del lunes.En esa madrugada, regada por una finísima garúa, los festejos ante el Hotel Bolívar, sede del comando de Keiko, parecieron aguarse mucho antes, pese a un falso escenario de virtual empate inducido por lento conteo oficial.Frente al Hotel Bolívar está la Plaza San Martín y recordar un episodio reciente allí ocurrido quizá explique porqué eligieron ese escenario los fujimoristas. Fue en esa plaza donde con vigilias se dieron los primeros pasos hacia "La marcha de los Cuatro Suyos". Esta marcha, que encabezó Toledo contra el fraude re-reeleccionista de Fujimori a comienzos del nuevo milenio, terminó con el ex presidente fugando a Japón, desde donde dimitió. Si los resultados del domingo hubieran sido lo contrario, la plaza que asistió al comienzo del fin de un estilo autoritario tal vez hubiera sido muda testigo del inicio de su retorno al poder. Los comicios peruanos derrocharon mensajes simbólicos que otras urgencias o intereses hicieron pasar inadvertidos. Como pasa inadvertido el 840 de Jirón de Huanta, para los pocos turistas que se apartan de los circuitos de la Lima del siglo 21.

