Una buena noticia, para algunos
Hamas y Al Fatah, los dos principales sectores políticos palestinos, llegaron a un acuerdo. Alejandra Conti.
Es una buena noticia para quienes aspiran a que haya paz en Medio Oriente y una muy mala novedad para quienes apuestan a la división palestina como forma de mantener vivo el conflicto en la región. La facción extremista Hamas, que gobierna la Franja de Gaza, y el partido Al Fatah, que domina en Cisjordania, llegaron a un acuerdo de convivencia. Un paso adelante tras cuatro de enfrentamientos. Hamas había ganado las elecciones en Gaza en 2006 y rompió relaciones con el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en el que era mayoría Al Fatah, la agrupación del presidente Mahmud Abbas. Este, moderado, también lidera la Organización para la Liberación de Palestina, fundada por Yasser Arafat. Luego de la ruptura, Hamas se quedó con la Franja de Gaza y Al Fatah con Cisjordania, las dos partes en la que está dividida la ANP. Desde entonces, la situación en la Franja empeoró hasta hacerse insoportable para los civiles. Bloqueada desde Israel y Egipto, incluso por mar, escasean los víveres, la electricidad, el agua y los medicamentos. Israel permite discrecionalmente el paso de la ayuda internacional, siempre insuficiente. El contrabando desde Egipto a través de túneles hace llegar las cosas que faltan y también armas.El más beneficiado por la división fue el gobierno conservador de Israel, a quien los palestinos le dieron, una vez más, el argumento de que no son serios pero sí violentos.Los ataques de Hamas hacia el sur de Israel en diciembre de 2008 fueron respondidos por una ofensiva desproporcionada y brutal que causó cientos de muertos entre los palestinos. En esta acción, los israelíes tuvieron lo que algunos definen como apoyo tácito de Al Fatah.Esa ofensiva logró frenar los ataques hacia el sur de Israel, pero la situación en Gaza siguió empeorando. De nuevo amigos. ¿Cómo se llegó a este reacercamiento? Por una mediación de Egipto durante la última etapa de Hosni Mubarak, que fue continuada por la junta militar que lo sucedió; pero principalmente porque ambas partes, Al Fatah y Hamas, tienen más posibilidades de ganar algo en conjunto y mucho que perder por separado. También tienen que ver las oleadas de protestas en el mundo árabe y musulmán. Ecos de las revueltas en Túnez, Egipto, Marruecos y Siria también llegaron a Gaza, donde un millón de palestinos sufren la torpeza de un gobierno elegido en las urnas pero autoritario. No es un dato menor que el padrino político de Hamas, el presidente sirio Bachar al Asad, está enfrentando en su país un fuerte movimiento de protesta (ver aparte). Hamas, que tiene su principal oficina política en Damasco, se ve prácticamente huérfano en este momento en que el gobierno sirio tiene otras prioridades.En el caso de la ANP, la continua instalación de asentamientos en territorios ocupados por Israel y que los palestinos reclaman para un futuro Estado estaba minando aceleradamente la aprobación popular del gobierno. Reconocer a Israel. En este acuerdo, hay un tema de vital importancia que ha sido dejado de lado: Hamas insiste en desconocer el derecho a existir del Estado de Israel. Si esta actitud se mantiene, no sólo se le dificultará muchísimo al gobierno de la ANP la relación con Israel y Estados Unidos, sino que hasta algunos países europeos podrían llegar a interrumpir su asistencia económica y financiera a los palestinos. Asegurar que esto no ocurra es fundamental para Abbas.Después vendrá el tiempo de negociar la administración de los dos territorios separados que, desde 2006, han tomado diferentes caminos políticos. Sin llegar a considerar que Cisjordania es un paraíso, Gaza sí es bastante parecido al infierno. Sufriendo desde hacinamiento, pobreza, violencia y bloqueo, hasta falta de toda clase de expectativas, los palestinos de la Franja han sido hasta ahora rehenes de Hamas.Así como el bloqueo estadounidense a Cuba sirve para que la autocracia de los Castro justifique su permanencia en el poder y las durísimas condiciones de vida impuestas a los cubanos, Hamas le sirve a la derecha israelí para justificar su desconfianza hacia los palestinos en general y hacia la existencia de un Estado en particular.Hamas debe afrontar el desafío de moderarse. El momento es éste, cuando las autocracias árabes y hasta la teocracia iraní están viendo cómo la gente común reclama más libertades. Hay un factor agravante a la situación en Gaza. Están cada vez más activos grupos extremistas salafistas que acusan a Hamas (nada menos) de ser blando hacia Israel e insuficientemente musulmán en su política interna. Uno de esos grupos secuestró y mató hace 15 días a Vittorio Arrigoni, un voluntario italiano miembro de la ONG pro palestina Movimiento Solidaridad Internacional, que vivía desde hacía tres años en Gaza. Esos grupos son los Soldados de Dios, el Ejército del Islam y el Ejército de la Nación, que reclaman no sólo la imposición de la sharía (ley islámica) en Gaza, sino que se imaginan echando a Israel al mar y emprendiendo una guerra global contra todo lo no islámico.Esto puede terminar de la peor manera si no se encuentra una salida lo más pronto posible.El gobierno de Israel, que considera con razón terrorista a Hamas, advirtió que el acuerdo conspira contra la paz en la región. Esto es correcto si Hamas se mantiene en su posición de no reconocer a Israel y atacarlo. Se abre, no obstante, una posibilidad de cambio.Un Hamas moderado, si es eso posible, impondría la necesidad a Israel de mostrar también una cara menos beligerante y emprender negociaciones serias de paz. El acuerdo entre los dos grupos palestinos será firmado el 5 de mayo por Abbas y Jaled Mescal en El Cairo.

