Bajo el suelo de Caracas, las diferencias se notan menos
Alejados de propaganda oficial y operaciones de prensa opositora, hay venezolanos que entremezclan historias y sueños con igual pasión y menos estridencia. Marcelo Taborda.
De entre los adolescentes de no más de 14 o 15 años que se amontonan sobre uno de los banquitos del paseo peatonal de Sabana Grande a la espera de un helado emerge una voz grave e impactante: "¡Majunche! ¡Te dije que ibas a perder conmigo!". Entonces estallan las carcajadas de la mayoría de chicos ante la imitación del presidente Hugo Chávez realizada con destreza por uno de ellos. La destinataria es una compañera de pelo ensortijado que no se amedrenta ante el calificativo, que quiere decir "la nada" o lo "insignificante" y era como el mandatario solía llamar a su desafiante, Henrique Capriles Radonski. La chica de rulos responde con el eslogan del candidato al que apoyaron sus padres el domingo: "Hay un camino, más temprano o más tarde", dice. "Sí, pero yo soy el corazón de mi patria", retruca el imitador con la frase de campaña oficialista.Era el mediodía del miércoles y estos estudiantes venezolanos habían retomado sus clases tras unos comicios que movilizaron a todo un país y no dejaron a nadie indiferente. La temprana politización de los chicos y sus diferentes preferencias de candidato no les impedían disfrutar del momento y sonreír por ocurrencias compartidas. En una Caracas de matices socioeconómicos y políticos tan divergentes que se acercan a la fractura, también es frecuente ver una convivencia armónica en gestos cotidianos. En el mismo vagón. Sumergidos en el metro para abaratar los costos de taxistas que fijan tarifas según la cara y el acento del cliente, o para evitar embotellamientos derivados de colapsos o "trancas" de tránsito, que sólo las arriesgadas maniobras de las moto-taxis permiten sortear en la superficie, las diferencias también se licuan abajo. Por debajo de la tierra caraqueña no se ve cómo cambia el paisaje orográfico y de poder adquisitivo a medida que el tren avanza desde Chacao o Chacaíto y hasta llegar a las paradas de Capitolio o la Hoyada, pobladas de trabajadores informales y viviendas ocupadas. En ese mundo subterráneo no estarán los que en ningún caso resignan sus camionetas de última generación para moverse, pero sí se veía un amplio espectro de empleados, trabajadores, jubilados y estudiantes cuya preferencia el domingo quizá habrá sido diversa. Para ellos ese miércoles no parecía haber comenzado ni terminado el mundo, como asustaban a una y otra punta –no de línea– algunos medios. Porque la brecha también se alimenta de forma cotidiana en Venezuela con periódicos o programas que, por ejemplo, publicaron informes sobre "cómo sobrellevar el duelo" o superar el estrés por la derrota en las urnas. Un estrés comprensible cuando parte de la dirigencia opositora había planteado el "Ahora o nunca" como incentivo a votar para desalojar a Chávez de Miraflores. Habiéndose dictaminado el "nunca", según esa lógica, no extrañó ver en las noches del lunes y martes a un puñado de jóvenes pidiendo recuento de votos o denunciando un fraude que Capriles ya había desmentido. Mirar al otro. En uno de esos medios opositores, el psicólogo social L eoncio Barrios afirmó que ambos grupos políticos están tan distantes que no se ven entre sí. Un buen consejo el de abrir los ojos. Claro que en el oficialismo caben también reparos si se veía la insistencia con que se repetían en la oficial Venezolana de Televisión los compactos de imágenes del ahora mandatario reelecto, en algunos de sus multitudinarios actos. Las imágenes resultaban conmovedoras la primera vez, pero iban trastocando la percepción del observador cuando se las repetía en exceso, aun después de la votación. Más aún, cuando Chávez había convocado a sus detractores a un diálogo "respetando diferencias".Pero no todos son extremos en Venezuela. Roy tiene 41 años y algo de formación universitaria incompleta y se las rebusca entre un quiosco familiar y un taxi que maneja."Voté por Capriles pero creo que el resultado está bien", dice sin dramas. "Voté por Chávez las dos primeras veces y las dos últimas a la oposición, que ha hecho buena elección y espero que esta vez sepa perder para poder crecer", acota Roy. "En este país, si el gobierno eliminara casos de corrupción y resolviera el problema de la inseguridad, tendría sólo detractores ideológicos", explica el hombre mientras apunta a un cartel en La Guaira que habla de la nueva "Gran Misión Vivienda", un plan de construcción de cientos de edificios y casas para los sectores más humildes que, a su juicio, explica la vigencia del respaldo popular al mandatario.Alejados de propaganda oficial y operaciones de prensa opositora, hay venezolanos que entremezclan historias y sueños con igual pasión y menos estridencia. Conviven con sus diferencias en busca de sus destinos, como los pasajeros de un vagón cualquiera del metro.

