Argentina fase 2: hora del canje
Con sustanciales diferencias, Grecia sigue, 10 años después, el camino que tomó la Argentina para tratar de evitar una salida desordenada de la convertibilidad en 2001. Adrián Simioni.
Con sustanciales diferencias, Grecia sigue, 10 años después, el camino que tomó la Argentina para tratar de evitar una salida desordenada de la convertibilidad en 2001, sin lograrlo, obviamente. Grecia ya empezó su ajuste (en realidad fueron dos multimillonarios paquetes en el último año) de privatizaciones, subas de impuestos y recortes de gasto público para reducir su febril déficit fiscal, que le impedía honrar la bola de nieve de su deuda pública. Esa deuda se había acumulado en los años de jolgorio de la unificación europea, en los que habían ingresado más capitales en forma de euros que los que podía justificar la productividad media griega.Algo parecido –aunque de menor magnitud– fue la fase 1 que intentó el gobierno de la Alianza cuando la irrealidad del uno a uno –derivada de la apreciación internacional del dólar, los bajos precios mundiales de las materias primas y el sempiterno déficit fiscal– quedó en evidencia.Como Argentina, Grecia emprendió la dura senda de corregir su tipo de cambio por la vía de una ultrarrecesiva reducción de costos que no puede hacerse por la vía rápida de la devaluación. Ellos, para no salirse del euro. Argentina, para no devaluar.En ambos casos, aparece un problema. Si esas economías van a valer menos, en dólares o en euros, se complica servir una deuda nominada en esas monedas. Y mucho menos con alto riesgo y, por ende, con tasas por las nubes. Por eso se impone reducir esa deuda. Es la fase 2. En esto está Grecia.Nadie quiere decirlo. Aquí le llamamos "canje". Allí "paquete de ayuda a cargo de privados". Pero ambas son reestructuraciones de deuda y primas hermanas del default .En Argentina el canje fracasó. Y entonces hubo megadevaluación y default crudo, con pérdidas superiores al 40 por ciento en el poder de compra de todos los salarios. El intento griego puede prosperar. Afuera, está el cordón sanitario de una Europa que quiere mantener su moneda única. Adentro, todo dependerá de la determinación y calidad de su poder político para apretar los dientes, liderar a la población y esquivar el traumático 2002 de la Argentina.

