De América latina para el mundo
Una oportunidad para bajarle a los jóvenes el mensaje de su pontificado.
Como arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio partió el verano pasado hacia Roma para participar del cónclave del Vaticano. No se imaginaba que días después sería elegido por sus pares para conducir a la Iglesia Católica. Ya consagrado como Francisco, el habrá pensado que tuvo un golpe de suerte: en la estructurada agenda papal estaba marcado que para esta fecha tendría que presidir en esta ciudad el 28° Encuentro Mundial de la Juventud. Una oportunidad para bajarle a los jóvenes el mensaje de su pontificado.
Francisco le hizo algunos retoques propio de su sello personal a la agenda que cumplirá en Brasil, pero no alteró lo sustancial: su primera gira internacional es a América latina y para encontrarse con los jóvenes, que siguen con sumo interés cada una de sus acciones y gestos, que ya han transformando al menos el clima en la cúpula del Vaticano.
Hasta los periodistas y analistas cercanos a Francisco se animan a pronosticar cuál será su mensaje. Quienes lo conocen bien, entre ellos, el cura y periodista cordobés, Javier Soteras, creen que como es su costumbre, el nuevo papa sorprenderá a propios y extraños.
Francisco estará rodeado de jóvenes, pero le hablará a todo el universo. Para muchos, más allá de las decisiones que ya tomó, los gestos que mostró, aquí en el país donde vive el mayor número de católicos del mundo, pero donde también hay una fuerte influencia de las iglesias evangélicas, Francisco plantará lo que será la columna vertebral de su gobierno vaticano.
El Papa evidenció gestos desde que llegó al trono de Pedro. Pidió que los pastores de su iglesia fueran austeros y algunos curas tuvieron que desprenderse de sus flamantes autos. Como lo viene remarcando, Francisco no quiere una iglesia pobre, pretende que sus pastores estén al servicio de los que menos tienen.
Esta es una definición que cautiva a los dos millones de jóvenes que llegaron hasta aquí para escucharlo y sembrar su doctrina.

