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Al rescate

El segundo plan de ayuda financiera para Grecia no despeja una duda: el ajuste será brutal y el grueso de la ciudadanía pagará el costo. Alejandra Conti.

24 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Al rescate

Crisis, "default" y ajuste son todos términos que nos resultan familiares a los argentinos y que se están aplicando diariamente para definir la situación en Europa. La diferencia entre ellos y nosotros es otra palabra: rescate. Las causas son bien distintas; tanto las que diferencian a los argentinos de los europeos como a estos entre sí. No es lo mismo Irlanda que Islandia, o España que Grecia. Quizá el factor común sea la ilusión de haber creído que cada uno encarnaba una especie de milagro. No hay palabra más adecuada, porque milagro, según la Real Academia Española, es un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Solamente un milagro podía explicar que la burbuja inmobiliaria no haya estallado antes en España, o que Grecia pudiera seguir gastando como si fuera un país rico, o que Irlanda pudiera superar décadas de atraso respecto de Europa por el auge de la industria informática.Las soluciones que se presentan son drásticas. Austeridad, ajuste y recorte en nombre de los valores europeos y el interés público, pero que siempre termina pagando una parte de la población: los empleados públicos, los jubilados, la clase media y media baja.Se bajan o eliminan ciertos subsidios (a desempleados, educación o discapacitados) y se aumentan los costos de los servicios públicos y los impuestos indirectos; se recortan puestos en el sector público y se facilita la flexibilización y la baja de salarios en el privado. Además, como parte del rescate corresponde a entidades privadas (bancos), éstas serán las primeras en ganar. Qué sensación de ya visto que nos deja todo esto.Dice Paul Krugman en la edición inglesa de Le Monde Diplomatique : "Conscientemente o no, los políticos sirven todo en bandeja para los rentistas, esas personas que obtienen montones de ingresos de activos financieros, que prestaron enormes sumas de dinero en el pasado, muchas veces insensatamente, pero que ahora son protegidos de las pérdidas a expensas de cualquiera".Por eso es que el rescate anunciado a Grecia esta semana no salva a los ciudadanos griegos, en especial a los que se encuadran en las clases media y media baja, de un ajuste brutal que repercutirá en sus bolsillos. Se recortarán subsidios y salarios, se eliminarán puestos de trabajo, no se reemplazará a muchos trabajadores que se jubilen y, por supuesto, aumentarán los impuestos. Falta de coraje. Esta semana, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva marcó cierta responsabilidad de Alemania en esta crisis. Acusó al gobierno de Angela Merkel, al frente del país más poderoso de Europa, de no hacer política monetaria en la zona euro por falta de coraje político. Como si hubiera escuchado, Merkel hizo el viernes una declaración de fe europeísta: aseguró que el euro le importa a su país y se merece un esfuerzo. Un esfuerzo de Alemania, que, contrariamente a lo que pasa a su alrededor, atraviesa un buen momento. "El euro es parte de nuestro éxito", dijo, en una declaración que garantiza que Alemania lo defenderá y no permitirá el colapso de la zona de la moneda europea.Pero no es sólo política monetaria lo que necesita Grecia, y mucho menos, monetarismo. Alemania anunció también el viernes un programa que se denomina "Ofensiva de inversión y crecimiento para Grecia". Instituciones y empresas alemanas fueron invitadas a participar en el sistema de reforma que se les impone a los griegos para salir del pozo. No es beneficencia; son negocios, eso está claro, pero inversión y crecimiento es una parte de lo que necesita Grecia.Lo otro son políticas sociales que sirvan de regulación y contrapeso a los efectos de los negocios y los malos negocios, de las imposiciones externas y los intereses internos. De las ganancias de los bancos y del costo que esas ganancias van a tener para el ciudadano. De esa reforma aún no se habla.