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60 muertos por tres atentados y ataques de EE.UU.

Explosiones provocadas por rebeldes mataron a 36 personas en el noroeste del país. Avión no tripulado norteamericano acabó con la vida de 13 insurgentes pero también de siete civiles.

24 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Agencias Télam, EFE y AP
60 muertos por tres atentados y ataques de EE.UU.

Islamabad. Tres atentados con explosivos causaron ayer al menos 36 muertos en el noroeste de Pakistán, mientras que un bombardeo de un avión sin piloto estadounidense mató a 13 insurgentes y a siete civiles, según informaron autoridades.

Uno de los atentados ocurrió en un mercado a las afueras de la ciudad de Peshawar y mató al líder de una milicia antitalibán y a dos colaboradores y dejó a otras tres personas heridas, informaron fuentes policiales.

El ataque más letal fue un atentado suicida dentro de una mezquita ubicada en una escuela religiosa en la región tribal de Waziristán del Sur, que dejó al menos 26 muertos y 40 heridos, informaron fuentes de inteligencia locales.

Noor Mohammad, director de la escuela, miembro de un partido islamista radical y ex legislador, murió en el ataque, dijeron las fuentes.

Mohammad había realizado misiones como mediador entre los talibanes y el gobierno central.

Ningún grupo reivindicó el ataque, y no quedó claro por qué Mohammad puso haber estado en la mira de los agresores, según fuentes del gobierno local citadas por la cadena de noticias estadounidense CNN.

Más temprano, la explosión de una bomba en un colegio durante una reunión de notables tribales en la región de Kurram mató al menos a siete personas, informó el gobierno local.

Pakistán ocupa un lugar central en la guerra global de Estados Unidos contra el extremismo islámico.

Washington dice que los líderes de la red Al Qaeda se esconden en la permeable frontera afgano-paquistaní y planean ataques contra las tropas extranjeras en Afgansitán y atentados en Occidente.

Casi cuatro mil personas murieron en Pakistán en los últimos tres años en ataques atribuidos a grupos islamistas radicales o en ofensivas del ejército contra la insurgencia iniciadas en 2008.

Por otro lado, tres ataques con misiles de aviones estadounidenses no piloteados mataron ayer a 13 rebeldes y siete civiles en una región del noroeste de Pakistán controlada por la red Haqqani, un grupo islamista vinculado a Al Qaeda.

Los atentados y bombardeos marcaron una intensificación de la violencia política en Pakistán luego de un período de relativa calma en el conflicto armado debido a catastróficas inundaciones que en las últimas tres semanas anegaron la quinta parte del país y provocaron la muerte de al menos 1.500 personas.

Los desbordes forzaron también el desplazamiento de cientos de miles de habitantes de un país donde crecen los reclamos y amenaza con acentuarse la inestabilidad política.

Rumores de golpe. Pese a todo, el primer ministro paquistaní, Yusuf Raza Guilani, aseguró ayer durante una visita a las remotas áreas del norte, aisladas del país por las inundaciones, que la democracia no corre peligro en Pakistán, a pesar del descontento popular por la gestión de la crisis.

"Hay gente que cree que el gobierno y el ejército son distintos. Es porque no saben que el ejército trabaja bajo control del gobierno civil: están para asistirnos y están haciéndolo lo mejor que pueden", dijo Guilani en una entrevista con la agencia de noticias EFE en un vuelo hacia la región septentrional de Gilgit-Baltistán.

El primer ministro paquistaní declaró que "cuando hay este tipo de catástrofes, ciertos políticos y medios de comunicación creen que se da una oportunidad para alcanzar el poder".

"Están equivocados, porque la mayor parte de la gente cree en la democracia, en la estabilidad y en trabajar por el bienestar del pueblo de Pakistán", agregó.

Anteayer, Altaf Husain, un destacado líder político del país sudasiático exiliado en Londres desde hace décadas, cuya formación minoritaria forma coalición con el Partido Popular (PP) de Guilani, instó al ejército a tomar el poder para acabar con la corrupción y la mala gestión de la crisis.

El primer ministro cerró ayer todas las puertas a un hipotético golpe de Estado y aprovechó para desmentir informaciones de que organizaciones religiosas extremistas lideran la asistencia a los afectados por las inundaciones.