Esteros del Iberá: El tesoro anfibio
En el nordeste de Corrientes, este paraíso de atardeceres rosados sorprende por la riqueza y variedad de sus paisajes y animales. Un rincón soñado que podría convertise en parque nacional.
En los Esteros del Iberá, el agua refleja a cada paso el algodón de las nubes y el brillo de juncos, camalotes y amapolas del agua. Uno puede mirar hacia adelante y ver el mundo verde, con la multitud de aves y yacarés inmutables que definen el paisaje correntino; o mirar para abajo y dejarse llevar por el mundo anfibio, ese que recreaban las leyendas de sirenas guaraníes que arrastraban a los indios hacia su perdición.
El Iberá, verán, son muchas cosas a la vez. Y su riqueza no puede tener precio porque su entramado de arroyos, bañados y pantanos constituye la principal reserva de agua dulce superficial de la Argentina. Desde el cielo, si se tiene la suerte de planear sobre ellos, se ofrecen como un manto infinito de tierras anegadas con manchones verdes y lagunas azules alimentadas por lluvias, en donde la vegetación acuática despliega sus danzas. De a ratos, las raíces de estas plantas se entreveran tanto con ayuda del viento, que forman sobre las aguas unas islas flotantes –o "embalsados"– que pueden ser tan sólidas como para soportar el peso de familias enteras de carpinchos, los roedores más grande del mundo.En los bordes de los esteros, que son zonas más altas, suele haber monte tupido o gigantes pastizales leñosos donde se escucha el crujir de la vida animal.

