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En el corazón de la selva

Misiones esconde un tesoro ecológico plagado de encantos naturales, históricos, culturales y hasta emocionales. Viajamos a descubrirlo.

12 de septiembre de 2014 a las 02:00 a. m.
En el corazón de la selva

Las Cataratas del Iguazú –su belleza apabullante, su millón y pico de visitantes anuales– deslumbran casi hasta encegecer y no permiten ver el tesoro escondido en las entrañas de Misiones. Detrás de ellas está la selva, enigmática y seductora: un tesoro de la diversidad ecológica que abarca a buena parte de la provincia y se extiende, como un manto verde, por encima de las fronteras con Paraguay y Brasil. Prácticamente desconocida para los viajeros argentinos, la selva misionera es un territorio plagado de encantos naturales, culturales, históricos y hasta emocionales. Es esa clase de sitios que mientras uno se dedica a ensalzarlos, en realidad lo que íntimamente desea es que nunca sean descubiertos. Que jamás dejen de ser un paraíso escondido.

Allá en el Alto Paraná, debajo del ultraturístico Puerto Iguazú, las rutas de tierra colorada unen pueblos y pequeñas ciudades de nombres que parecen canciones: El Soberbio, Puerto Libertad, Eldorado, Puerto Esperanza... Son lugares en los que los lagartos overos reemplazan a los perros como mascotas de la familia, donde los guaraníes de piel cobriza se mezclan con “gringos” de ojos azules, descendientes de abuelos alemanes, rusos, ucranianos, españoles o italianos que llegaron a buscarse la vida, corridos de Europa por la guerra y el hambre. Sitios donde el tereré –cebado con jugo instantáneo bien helado– es religión y los porteños son mirados con sorna si se animan a preparar un mate en público.