En busca del Macá Tobiano
De figura delicada y raras conductas, esta singular ave cautiva a los científicos argentinos desde que la descubrieron en Santa Cruz, hace 38 años. Crónica de un naturalista que lucha por alejarla del peligro de extinción.
Recién comenzaba la carrera de naturalista y finalizaba la de Guardaparques, cuando casi sin darme cuenta, me encontré viajando con un grupo de trece personas, entre ornitólogos, agronómos, ingenieros, biólogos, fotógrafos y naturalistas. Ibamos hacia los lugares más remotos de mi provincia, Santa Cruz, en busca de una especie de ave que, desde su descubrimiento en 1974, estaba disminuyendo y hoy se encuentra en una situación crítica. Este ave maravillosa se llama macá tobiano.De tamaño, el macá es un poco mayor que una paloma, pero a la distancia recuerda la gracia de un pato. Mide unos 30 centímetros y casi no supera el medio kilo de peso. Su nombre –tobiano, igual que el pelaje de los caballos manchados de blanco– alude a su plumaje de sorprendentes contrastes: su blanca frente corona la extraña belleza de sus ojos profundos, su carita negra y el rojo intenso de su copete. Es un ave de llamativa impronta y actitud desafiante.Vi los primeros macaes luego de muchos días de extenuantes caminatas por la meseta del Lago Viedma y kilómetros a campo traviesa entre gramíneas y matas. La emoción le ganó a las palabras. Frente a nosotros se deplegaba en toda su belleza un grupo de treinta y tres macaes, a los que llegamos finalmente siguiendo su bello canto. Estaban cerca de la laguna La Encantada, a donde vuelan cada verano para reproducirse. Para un amante de la naturaleza, las sensaciones eran demasiadas: estaba contemplando un ave que fue descubierta por la ciencia hace 38 años, pero que probablemente esté por desa-parecer.

