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Una vela prendida al “shock” de confianza

En el proceso de generar confianza, el arreglo del problema con los holdouts es clave, pero no es lo único. También hay que dar señales a los empresarios, que los incentiven a invertir; medidas concretas. 

13 de septiembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Una vela prendida al “shock” de confianza

Los economistas que asesoran a los principales candidatos a suceder a Cristina Fernández estuvieron la última semana por Córdoba y, con distintos discursos, coincidieron en un tema: ninguno quiere hablar de ajuste y aseguran que el país puede salir del estancamiento actual sin él. En rigor, todos esperan que las expectativas den un giro tan importante que, de repente, el mundo quiera prestarle a la Argentina a costos razonables, los inversores locales traigan los capitales que fugaron, los exportadores comiencen a vender al mundo, los empresarios realicen las inversiones postergadas y los dólares comiencen a llegar en cantidades suficientes para recomponer las arcas del Banco Central. Pero la verdad es que, para que esto suceda, hace falta una buena dosis de cintura política, acuerdos con amplios sectores y también algo de suerte. Porque los desafíos son enormes y, a diferencia de la primera década del siglo 21, ahora el contexto mundial no ayuda para nada (el dólar se aprecia, el dinero se encarece, las commodities caen). En el plano local, el déficit fiscal durante el primer semestre de 2015 fue de 107.136 millones de pesos (sin contar asistencias del Banco Central y otros organismos públicos), similar al "rojo" de todo el año pasado. Las exportaciones llevan 20 meses de caídas y en 2015 el ritmo se aceleró, con bajas interanuales que promedian el 17 por ciento. En los primeros siete meses de este año, el comercio exterior aportó sólo 1.437 millones de dólares (en igual período, se fueron 3.537 millones en dólar ahorro). El saldo comercial había sido de 4.144 millones entre enero y julio de 2014 y de 7.929 millones en el mismo lapso de 2012. El atraso cambiario es cada vez más evidente, sobre todo cuando nuestros socios y competidores, como Brasil, están devaluando y los precios de los principales productos exportables de Argentina caen más del 20 por ciento interanual en 2015. A esta coyuntura se le agrega un marco de alta presión fiscal (un récord de casi el 35 por ciento del producto bruto, según la Cepal), inflación de dos dígitos contenida con atraso cambiario y tarifario, bajo nivel de reservas (unos 33 mil millones de dólares, con sólo 17 mil millones líquidos). Resolver estos problemas tiene costos en lo inmediato, con resultados recién en el mediano plazo: revertir el atraso cambiario y tarifario implicaría un salto inmediato de la inflación; reducir la elevada carga tributaria agravaría el déficit fiscal. Para morigerar el impacto negativo en el nivel de actividad, se necesitaría un alto nivel de ingreso de dólares, que financie la transición y genere un colchón de reservas. Si se decidiera algo más gradual, es probable que los agentes económicos demoraran sus decisiones de exportación, inversión y producción hasta que los cambios se concretasen. En el proceso de generar confianza, el arreglo del problema con los holdouts es clave, pero no es lo único. También hay que dar señales a los empresarios, que los incentiven a invertir; medidas concretas (eliminar trabas, generar estabilidad, abrir nuevos mercados, entre otros) para que puedan planificar a mediano plazo aumentos de producción.Gane quien gane, se necesitará una alta dosis de diálogo con los distintos actores sociales, económicos y políticos, pero también un plan económico que genere expectativas positivas hacia futuro. No será nada fácil para la próxima gestión.