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Una década al rojo vivo

En los últimos 10 años, la economía nacional mostró un marcado deterioro. Hoy tiene menos empleo privado que al inicio del ciclo. 2010-2020: una década perdida para la economía argentina

10 de diciembre de 2020 a las 12:01 a. m.
Una década al rojo vivo

Los vientos a favor, que suelen gestarse a nivel mundial y que impulsan el desarrollo económico, por lo general no son aprovechados en Argentina.

El momento de las cotizaciones elevadas de las commodities, que favoreció a las exportaciones de las economías emergentes –como la argentina–, se terminó entre 2008 y 2009, con la crisis financiera y la caída de Lehman Brothers.

Fue así como en los últimos 10 años, el precio de los granos cayó de manera considerable y el valor del petróleo se redujo a niveles históricos. En ese contexto, la economía doméstica transitó una década para el olvido.

Pronto a terminar el ciclo que arrancó en 2010, el alto nivel de inflación, las devaluaciones, los desequilibrios fiscales y la pobreza dominaron la escena nacional, a pesar de los cambios políticos.

El balance es deficitario: de los 10 años que conforman el período, la economía creció en cuatro y en los otros seis estuvo en recesión, una condición de la que aún no se recupera y que se vio agravada por la pandemia del Covid-19.

El Primer plano de la edición de hoy pone el foco en el desempeño que tuvieron los indicadores macro durante la última década y su efectos sobre el tejido productivo y social.

Un dato que refleja el deterioro que tuvo la economía es que al comienzo de la segunda década del siglo 21 había más empleos privados y empleadores que en la actualidad. Mientras tanto, creció la fuerza laboral pública y también el déficit fiscal.

La falta de inversión, producto de la volatilidad económica y la incertidumbre política, ha impedido un mayor nivel de actividad y la generación de empleo.

Contener la inflación, reducir el gasto fiscal y estimular la producción aparecen como los caminos para construir una nueva década de bienestar económico. Sólo hace falta, y ese es el gran desafío, acertar con el rumbo.