Una campaña electoral en la que nadie quiere hablar de economía
Los empresarios tomaron nota de este vacío que desalienta aún más sus ya alicaídas expectativas.
Es ya casi insorportable que a 10 días de las elecciones provinciales y a 40 de las Paso presidenciales, los candidatos hablen tan poco de lo único urgente que tiene el país: el claro estancamiento de la economía. Los empresarios vienen tomando nota de este vacío que desalienta aún más sus ya alicaídas expectativas. El Indec expuso ayer que la industria lleva 22 meses consecutivos de retracción y que las perspectivas son de un empeoramiento por lo menos para lo que queda de este año y el arranque del próximo.La campaña electoral tiene a estos temas, sin embargo, ausentes. Daniel Scioli habla de consolidar el modelo. ¿Cuál? ¿El del derrumbe de los superávits gemelos? ¿El del crecimiento del gasto? ¿El de la caída dramática de las exportaciones? Menos puede explicar cómo regenerará la confianza con Carlos Zannini de vicepresidente.Mauricio Macri está igual o peor. Lo único que ha dicho es que eliminará rápidamente el cepo al dólar y reducirá las retenciones al agro, sin explicar demasiado cómo, con qué estrategia e instrumentos. A la par, sostiene que achicará el gasto en la amplia gama de subsidios que cruzan al país, desde la luz y el gas, hasta Aerolíneas pero sin llegar a su eliminación total. Tampoco explica de qué forma lo haría.Y entre ambos, Scioli y Macri, sólo hay un insustancial cruce de chicanas para no definir nada: el modelo contra los globos. La campaña provincial no está muy alejada de esa situación. El postulante oficialista Juan Schiaretti reconoce que Ingresos Brutos es un impuesto distorsivo, pero condiciona su reducción a un acuerdo tributario con el Gobierno federal, sin el cual es imposible que Córdoba resigne recursos. ¿No es muy parecido a decir que no hay forma de rebajarlo?El Impuesto a los Sellos, por ejemplo, se lleva el 1,2 por ciento del valor de venta de un automóvil cero kilómetros o de un crédito personal. Y si los involucrados son dos –por caso un matrimonio– es el 2,4 por ciento. Mucho dinero para un tributo burocrático.El radical Oscar Aguad brama contra esta carga tributaria, pero a veces parece desinformado. Dice, por ejemplo, que rebajará un 30 por ciento el valor de los peajes. ¿No sabe que esa disminución ya existe para quienes usan a diario la red de rutas?Y a la última nota de este desconcierto la hizo sonar Eduardo Accastello con su propuesta para reestatizar la concesión del servicio de agua en Córdoba capital, sin más detalle que la mención descontextualizada de una frase del papa Francisco. No es que, eventualmente, el agua no pueda volver a manos del Estado o que el Estado pueda exigirle más cosas a la concesionaria. Pero, ¿cuáles son los argumentos para hacerlo ahora? Nadie lo sabe.

