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Un punto de partida

La visita de Barack Obama a la Argentina y la posibilidad de que se apruebe en el Senado el acuerdo con los holdouts marcan un antes y un después en la economía.

27 de marzo de 2016 a las 12:01 a. m.
Un punto de partida

La semana que pasó y los próximos días están cargados de señales. La visita de Barack Obama a la Argentina y la posibilidad de que se apruebe en el Senado el acuerdo con los holdouts marcan un antes y un después para una economía que está sufriendo las consecuencias del reacomodamiento que encararon las nuevas autoridades nacionales. El levantamiento del cepo cambiario, con el sinceramiento del valor del dólar, generó en estos primeros meses de gobierno un freno económico que, no por esperado, es menos difícil. La inflación en un escalón más alto, con salarios aún sin actualizar, y una tasa de interés positiva en términos reales repercuten en el consumo y las ventas caen. Además, el panorama todavía no está claro para que las inversiones empiecen a fluir. Los distintos niveles del Estado también ajustan sus números a la espera de mejores condiciones. En definitiva, todo se conjuga para una caída de la actividad económica en el primer trimestre del año. En este escenario, la posibilidad, cada vez más cercana, de que se cierre el problema de la deuda externa y Argentina vuelva a entrar en el radar del mundo es un paso más que esperado. El apoyo político de Estados Unidos, no sólo por los dichos de Obama en su visita al país, sino con la presentación ante el juez Griesa del escrito a favor de un acuerdo con Argentina y con los gestos del sector empresario, refuerzan el optimismo. Para el Estado nacional, para provincias y municipios, y también para las empresas abre la puerta a fuentes de fondos que hoy no están disponibles. La posibilidad de que se consiga financiar la transición generaría un menor nivel de ajuste de la economía en general, tanto del Estado como del sector privado. Y eso también es una buena noticia para el ciudadano común; ya se sabe, cuando la actividad se resiente, son los más perjudicados. Para quien hoy está sufriendo el menor poder adquisitivo de sus ingresos debido a la inflación, implicaría que en los próximos meses podría ir desajustándose el cinturón. Una ayuda financiera permitiría que el déficit fiscal no se cubra en su totalidad con emisión, con lo cual el Banco Central podría manejar una política monetaria menos estricta para controlar la inflación y permitir que la tasa de interés baje para no perjudicar la actividad. Si los privados, sobre todo los argentinos, vuelven a invertir y a volcar dinero en la economía, la presión sobre el sector público para que sea motor de crecimiento (y para aumentar el déficit) también se reduce. Esa es la apuesta del Gobierno y también la expectativa de consumidores y empresarios. Esperan que el sacrificio de estos meses sirva para poner en orden una economía que había llegado al fin de la era K con el último aliento y con grandes desajustes. Más allá de ideologías, se trata de normalizar una situación con los acreedores que impide al país financiarse para pasar este reacomodamiento y, además, para volver a crecer. Es un primer paso necesario. Después viene lo difícil: volver a generar confianza para que las expectativas se materialicen.