Un día a la vez (Nota completa)
El Gobierno nacional acaba de dar una mala noticia para festejar: la inflación reconocida por el Estado argentino trepó en enero pasado a 3,7 por ciento.
El Gobierno nacional acaba de dar una mala noticia para festejar: la inflación reconocida por el Estado argentino trepó en enero pasado a 3,7 por ciento, muy por arriba de los registros menores a uno por ciento que venía anunciando del "viejo" IPC mes a mes. El flamante IPCNu hizo su ingreso a escena sorprendiendo a quienes presumían que nada nuevo se vería bajo el cielo kirchnerista en materia de estadísticas confiables. Una variación mensual del 3,7 por ciento en enero permite proyectar un horizonte de precios creciendo a bastante más del 35 por ciento anual, una cifra catastrófica. Entonces, ¿qué hay que celebrar? Haber admitido la enfermedad. Desde hace casi cinco años, un largo coro de sectores y economistas venía reclamando a la administración de CFK dar este primer paso: reconocer lo obvio, admitir la enfermedad para avanzar en su diagnóstico y, de inmediato, en tratamientos para su "cura". Ahora, los análisis químicos muestran lo que un médico clínico sabía "a ojo": estamos enfermos de inflación, una dinámica que el empresario Cristiano Rattazzi bien definió como una droga que al principio deja cierta sensación de bienestar pero que con el tiempo demanda más y más altas dosis, hasta complicar la integridad de su consumidor. Es de suponer que el Gobierno buscará culpables exógenos a esta enfermedad "nueva" de la economía y explicará todos los ataques que tiene que soportar de los malvados comerciantes concentrados, los sectores oligopólicos y sarasasasa; en fin, escuchar cómo otros nos llevaron a esto. Dado el primer paso, ahora es importante ver cómo asimila el kirchnerismo –encerrado en su relato ficticio–, este diagnóstico. Asumir la inflación es importante, pero no menos determinante en su tratamiento es dilucidar con madurez los distintos factores que nos llevaron hasta aquí. Seguramente el discurso a la tropa propia será el que ya se conoce, pero es importante ver los pasos concretos que está dando el equipo económico y –sobre todo– la nueva gestión al frente del Banco Central. Aunque se despotrique contra Cavallo y el establishment , la contracción monetaria que viene impulsando Juan Carlos Fábrega se inscribe claramente dentro de la ortodoxia monetarista. En la metáfora del drogadependiente, el titular del Banco Central sería el médico clásico que pregona mantener al paciente lejos de las sustancias prohibidas y las malas compañías. Pero en la junta médica que en última instancia dirigen CFK y "Remes" Kicillof, hay visiones más contemplativas, que no ven del todo mal algún "desajuste" en el tratamiento, siempre en mira de dar algo de bienestar al paciente, en el que el síndrome de abstinencia es la recesión y la caída del nivel de actividad. Así las cosas, podríamos decir que los timoneles de la economía dieron el primer paso de reconocer la adicción. Ahora hay que iniciar el largo camino de la cura manteniéndose lejos de la tentación populista de fogonear el consumo y el gasto público con más emisión. La recuperación será larga y no exenta de recaídas. Habrá que ir un día a la vez.

