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Todo el mundo dando vueltas alrededor del sapo

El gobernador José Manuel de la Sota buscó caerles bien a los industriales prometiéndoles una baja de impuestos si es presidente. Pero lo que hay que explicar es cómo se va a bajar el gasto.

07 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Todo el mundo dando vueltas alrededor del sapo

Le damos la vuelta al sapo una y otra vez, a ver si encontramos cómo no hincarle el diente. Pero no hay caso. En el fondo, políticos, economistas, empresarios, saben que hay un desmadre fiscal que necesitará ajuste.

El kirchnerismo gobernante ha sido tan hegemónico como costoso. Una máquina de quemar dinero.

El gobierno de Cristina Fernández se fue gastando todo en este orden: rebote recaudatorio tras el estallido de la convertibilidad, subas de impuestos, ventajas financieras de la quita a una deuda defaulteada que al final nunca se normalizó, dólares del Banco Central para organismos internacionales acreedores, ahorro previsional, más dólares del Central para todo tipo de acreedores externos, emisión lisa y llana, endeudamiento en pesos con los depositantes de los bancos a través de las Lebac del Central. Un zarpazo tras otro. Todo se volcó al gasto público. Que hoy está, si no se cuenta la asistencia del BCRA, con un déficit de tres puntos del producto interno bruto (PIB). El economista Ricardo Arriazu remarca que se cambió el método de elaboración de las cuentas nacionales –que casi nadie registró– y que el PIB es bastante menor de lo que se pensaba. Con lo que el déficit medido así sería mayor. Ayer, en el coloquio de la Unión Industrial de Córdoba, el presidente de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, reiteró que con laactual presión impositiva es imposible producir algo. A Cristina Fernández no le quedó otra que reconocerlo: devaluó en diciembre. Prometieron que esta vez sí bajarían el gasto. De forma cómoda: reducirían subsidios a servicios públicos (que en términos materiales no significa un ajuste del Estado, sino tomar más dinero de los hogares, igual que un impuestazo). Mal como siempre Pero no lo hicieron, tal vez confiando en que pagando al toque las deudas con el Club de París, el Ciadi y Repsol, el Estado recuperaría su capacidad de endeudarse. La resolución de la Justicia estadounidense volatilizó –al menos hasta ahora– ese plan dequemar otro recurso (el supuesto bajo endeudamiento en dólares) en una máquina que sigue funcionando igual de mal que siempre. El economista Tomás Bulat remarca que, lejos de reducir el gasto en subsidios, en lo que va del año están creciendo al 60 por ciento anual, arriba de la inflación. Una perla de este fracaso: cuando Axel Kicillof dijo que bajaría los subsidios, la distribuidora de luz del Gran Buenos Aires Edenor ya no pagaba la energía que repartía. Desde este mes, el Estado nacional empezó a pagar también parte de los sueldos de esa empresa.Para colmo, dijo Bulat, lo único que está indexado en el país son las jubilaciones, que el kirchnerismo volvió a atar a la inflación. Implica que el 29 por ciento del gasto público nacional es muy difícil de bajar con ajuste inflacionario, como los populistas suelen preferir que se hagan los trabajos sucios, para no poner la cara.Pero el resto del gasto público (y no sólo nacional) tampoco parece fácil de bajar. Fíjense lo que pasó en enero: tras la devaluación, los primeros en recuperar salarios fueron los empleados públicos. Y lo hicieron en mayor medida que el empleo privado.Está claro: cuanto más afecte el kirchnerismo a sus clientes –de toda clase social– y a sus militantes rentados, menos épico será el relato. Las renuncias ya empezaron.Así, el peso de todo el ajuste está cayendo sobre un sector privado que ya estaba estrangulado, con amenaza de desempleo, tras el desboque fiscal de una década.Nadie habla del "temita". Ni siquiera los que más se acercan. Ejemplo: ayer, el gobernador José Manuel de la Sota buscó caerles bien a los industriales prometiéndoles una baja de impuestos si es presidente. Pero lo que hay que explicar es cómo se va a bajar el gasto. Cómo el Estado va mordisquear el sapo. Es su turno. Los privados ya tienen la panza que revienta.