Tierra quemada
De otra forma no se entiende la obstinación por negar realidades abrumadoras como el déficit fiscal, la inflación camino al 50 o 60 por ciento anual tal como algunos ya prevén para 2015 y la creciente pobreza, por sólo nombrar algunos de los desequilibrios de la economía.
En su retirada del poder, el kirchnerismo parece empecinado en aplicar la vieja táctica de dejar “tierra quemada”: nada que pueda servir al “enemigo” debe quedar en pie.
De otra forma no se entiende la obstinación por negar realidades abrumadoras como el déficit fiscal, la inflación camino al 50 o 60 por ciento anual tal como algunos ya prevén para 2015 y la creciente pobreza, por sólo nombrar algunos de los desequilibrios de la economía.
¿Habla en serio CFK cuando dice: “Si no tuviéramos que importar combustible que pagamos a precio internacional pero le suministramos a los argentinos en sus casas y a los empresarios en sus empresas a precios subsidiados, tendríamos más superávit, pero no tendríamos tanta inclusión social ni una industria competitiva”...?
¿Superávit fiscal? ¡De qué habla la Presidenta! Es como si usted dijera que le sobra plata a fin de mes porque no cuenta en sus gastos intereses de la deuda que tiene con el banco.
¿Inclusión social? Si bien es justo reconocer que durante los primeros cuatro años del kirchnerismo Argentina creó dos millones de puestos de trabajo, también es franco admitir que desde hace no menos de dos años la economía sólo genera empleo público. Ese tipo de trabajo que es el que más cuesta hacer para generar valor a la sociedad y que es prácticamente imposible de eficientizar en una mesa de diálogo. Cada tanto, la hipocresía política argentina les pega un guadañazo a los salarios públicos (y privados) con una fuerte devaluación, para volver a empezar el ciclo. La próxima vuelta tendrá subidos a la calesita del empleo público, varios centenares de miles de personas más que pagaremos entre todos los privados.
¿Competitividad industrial? Basta ver el costo de un auto, de un TV “made in Tierra del Fuego” o de una prenda de vestir manufacturada en el país para entender que lo único que exporta con éxito el país es agroalimentos que tributan casi uno de cada dos dólares que nacen del generoso campo argentino y sus industrias añadidas.
Es bastante raro que un gobierno deje al otro –al menos en el país–, un Banco Central rebosante de divisas, pero lo que dejará el kirchnerismo debe hacer temblar a los candidatos con chances serias de suceder a CFK en la presidencia. Cálculos privados dicen que si el Banco Central tuviera que pagar todas las letras y “papelitos” que emitió, lisa y llanamente no le alcanzarían las reservas. Es que el Gobierno “estruja” al Central vía endeudamiento con distintos instrumentos, pero también obligándolo a emitir toneladas (literalmente) de pesos para cubrir el déficit fiscal.
La recesión que los técnicos del FMI ven y pronostican para Argentina sólo puede ser negada por un cínico: el PBI caerá 1,7 por ciento este año y un estimado de 1,5 por ciento el año próximo, según dijo el organismo internacional y palpan ya todos los sectores de la economía. Mientras, el kirchnerismo quema los campos y la oposición asiste entre complaciente y preocupada a los últimos meses K, no sería mala idea empezar a plantear una auditoría internacional que detalle el estado en que quedará el país el año que viene. Así queda un documento para saber dónde arranca la próxima página de nuestra ¿merecida? historia.

