Sobre lo llovido, mojado
Cuando los productores de la provincia diagramaron la actual campaña de soja ya sabían que los precios no iban a acompañar a la inversión que estaban dispuestos a realizar.
Cuando los productores de la provincia diagramaron la actual campaña de soja ya sabían que los precios no iban a acompañar a la inversión que estaban dispuestos a realizar. Pero tenían la esperanza de que el clima se convirtiera en su socio y les permitiera, con una mayor producción, atenuar los efectos de una ecuación económica muy ajustada. El buen desarrollo que venía exhibiendo la soja comenzó a flaquear durante febrero. El exceso de agua que recibió el cultivo en zonas del norte, este y sudeste de la provincia ha abierto un interrogante sobre cuánto podrán recolectar las cosechadoras cuando ingresen a los lotes. Si bien aún no hay cifras oficiales respecto al impacto que los anegamientos tendrán sobre la producción, hay coincidencia en afirmar que se necesitarán al menos 15 días sin lluvias para tener una real dimensión del diagnóstico. El problema es que nadie garantiza esa tregua por parte del agua. Más allá de cualquier preconcepto que se tenga sobre el cultivo y sus precursores, sembrar soja en esta campaña no fue fácil desde el punto de vista económico. Por efecto de los costos crecientes, generados por la inflación, sólo los productores con campo propio iban a llegar con oxígeno al final de la campaña. Los que alquilaban tendrían, en el mejor de los casos, la opción de poder cambiar la plata en la medida de que la productividad los acompañara. Para muchos, los resultados de la soja, que ya venían mojados por los precios, la inundación se los terminó de embarrar.

