Ruidos en la última fase del eclipse de la economía
El consumo público bajó 0,2 por ciento en el primer trimestre, pero el privado cayó 10,5 por ciento.
- El consumo público bajó 0
- 2 por ciento en el primer trimestre
- pero el privado cayó 10
- 5 por ciento.
La economía está atravesando lo que, se supone, es la última fase del eclipse para superar la recesión. Lo está haciendo con una mano adelante, otra atrás y apenas espiando. Los magros números de actividad están en fase de desaceleración, aunque con mucha disparidad. También son desequilibrados los esfuerzos.
Alcanza con leer la propia estadística oficial. El viernes 19 de junio, los datos del mercado de trabajo se llevaron toda la atención y pocos miraron cómo fue la oferta y demanda de bienes y servicios.
El contraste del sacrificio frente al ajuste no deja de hacer ruido: mientras el consumo público bajó 0,2 por ciento en el primer trimestre, el privado cayó 10,5 por ciento.
Es cierto que, a nivel nacional, hay una ostensible mejora en el resultado primario y que el gasto social explica más del 65 por ciento de las erogaciones.

No menos cierto es que detrás de esta última finalidad están los pecados no redimidos que luego mutan en la fuerte presión fiscal que hace sudar billetes al universo de la actividad registrada.
Hay otros ejemplos antipáticos, como el gasto improductivo del Congreso nacional. En lo que va del año se aprobaron apenas siete leyes. Todos están demasiado ocupados en la rosca electoral. De seguir así, 2019 podría convertirse en el año legislativo menos fructífero desde el retorno de la democracia.
No debe ser muy distinto en las provincias y en los municipios. Cuando arrancaron las gestiones del kirchnerismo, el Poder Legislativo (incluye Biblioteca, Imprenta y Defensoría del Pueblo, entre otros organismos) tenía 9.600 empleados. Ahora ya son más de 16 mil. Equivale a haber sumado en ese lapso, en promedio, 400 empleados por año.
Apurando el eclipse
Como los mocovíes, que cantaban y golpeaban objetos y animales para ahuyentar un eclipse de Sol, el Gobierno nacional intenta calentar el consumo, detenido en la fría sombra de la recesión.
Los extremos en los niveles de actividad son tan claros como paradigmáticos: bien arriba, el agro crece 40 por ciento anual, impulsado por un “cosechón” que contrasta con la sequía de 2018; en el suelo, el comercio cae 11,6 por ciento (por eso las vitaminas del Ahora 12) y la industria, 8,5 por ciento interanual. Son datos oficiales de lo que ocurrió en abril.
¿Cómo siguió? Según el índice general de actividad de Orlando Ferreres y Asociados, mayo habría quebrado el maleficio.
Optimista, el economista Fausto Spotorno, que trabaja en esa consultora, cree que 2019 podría cerrar con un alza del producto interno bruto (PIB) de 0,6 por ciento, aunque aclara que es clave consolidar la incipiente baja de la inflación.
¿Cómo seguirá? “Una mirada optimista muestra una mejoría en varios indicadores, tanto en el plano financiero como en el de actividad económica. La mirada del vaso medio vacío es que la economía sigue registrando altos niveles de incertidumbre”, opina Gustavo Reyes, del Ieral de Fundación Mediterránea.

