Nueva generación, la misma esencia
Entrevista a Alejandro Piccioni y Silvana Bittolo – Sohipren SA, Oleohidráulica. Hijos de los socios creadores de la firma, hace seis años están al frente. Cómo es la gestión de una Pyme familiar que desde el arranque fue innovadora, un perfil que retroalimenta en productos, procesos y en toda su cadena de valor para exportar.
Casi no hay empresario vinculado con el comercio exterior en Córdoba que no hable de Sohipren, una firma que ya atravesó tres décadas con la mente puesta en desarrollos propios y sus brazos abiertos al mundo.
En medio de los esfuerzos del país por reinsertarse en los mercados externos y la puja por la competitividad, Sohipren atiende la demanda que le llega desde 33 países en todos los continentes para bombas oleohidráulicas y válvulas. Y hace seis años que lo hace con la nueva generación al comando de la Pyme que forjaron sus padres.
“Mi papá tenía un taller metalúrgico y siempre estaba entre sus pantalones porque me gustaban los fierros. De chico fui compañero, me metía en el rebabado, en algún embalaje”, recuerda Alejandro Piccioni, gerente general e hijo de Ricardo Piccioni, uno de los creadores de la firma.
“En mi caso, cuando terminé el secundario, mi padre tenía dos negocios. Uno que hacía reparaciones de oleohidráulica y otro, con el que empezó a fabricar bombas más chicas. Empecé a trabajar en la parte administrativa. Pero a medida que pasaban los años me involucraba en sistemas. En 1991 se unió Sohipren con Veneto, que tiene la marca Livenza”, apunta Silvana Bittolo, subgerente general e hija de Danilo Bittolo.
–¿Trabajar en la empresa fue algo natural o una imposición?
–Alejandro: Mis padres fueron amplios. Me dijeron: “Elegí lo que a vos te guste”. Y elegí la parte técnico-mecánica. Con mis hermanos lo mismo. Fue algo natural.
–Silvana: Igual yo. Siempre quería trabajar con mi papá. Pero me pedían que estudiara. Hice seis años en Ingeniería en Sistemas y después cambié e hice la Licenciatura en Administración de Empresas. Nuestros padres nos exigieron siempre, pero nos dieron el lugar.
–Predicar con el ejemplo.
–Alejandro: Empezamos bien de abajo. Silvana, por ejemplo, más allá de estar en la parte administrativa, armaba juegos de goma de reparación de un producto. Yo también. Cuando nos mudamos a un galpón más grande, y había que ir a barrer antes de la mudanza, pues a barrer.
–¿Cuándo se da el quiebre en el que notan que están para cosas más grandes?
–Alejandro: Pasamos la crisis de 2001, se empieza a acomodar el mercado en 2002 y 2003, y en ese momento creo que vimos el quiebre. Teníamos el terreno de la planta actual, estábamos en Villa Revol, y ya estábamos colapsados. Nos llaman y nos piden opinión sobre empezar a construir.
–Saliendo de la crisis, pero aún bajo sus efectos.
–Exacto, pero el trabajo empezaba a incrementarse. Siempre tuvimos trabajo, el problema era que en ese momento sosteníamos lo que teníamos, pero no podíamos progresar. En esa reunión nos alineamos, Silvana con toda la parte financiera, para armar un flujo de caja y empezar a proyectar la planta nueva.
–Perdón, dijo flujo de caja. O sea que no hubo créditos.
–Recursos propios. Y a mí me pidieron proyectar la fábrica, con profesionales, la dirección técnica. Y nos largamos.
–¿Cuánto llevó la obra?
–En un año y medio la hicimos y nos mudamos en julio de 2004.
–¿Y cómo era el panorama en ese momento?
–Se nos abrió mucho. Ya veníamos trabajando con comercio exterior, tratando de crecer. Habíamos sufrido la crisis de Brasil del ‘99, Argentina estaba con el uno a uno que ya no rendía, estábamos en coma vegetativo. Habíamos tomado la decisión de salir a buscar mercados nuevos para no depender de Brasil o de Argentina.
–¿Brasil era lo más importante?
–Vendíamos al aftermarket (mercado de reposición) y nace un negocio con Bosh. Armamos una alianza para líneas que ellos no fabricaban y para otras que necesitaban más oferta. Vino la gente de Alemania, tomó contacto con la cultura de Sohipren, con la innovación y nos consideraron confiables, más allá tener que hacer las homologaciones técnicas.
–Silvana: Después de haber hecho el nuevo edificio, el gran desafío fue cambiar la tecnología de las máquinas.
–¿Y cómo lo afrontaron?
–Alejandro: Tenemos como filosofía hacer partícipe a la cadena de valor. En cada proyecto nuevo siempre dejamos en claro que necesitamos ser competitivos para que nos acompañen. Cuando nos empezamos a ampliar, con los proveedores, que nos conocían en las buenas y en las malas, pudimos armar alianzas para que nos financien en forma directa.
–¿Cuántos empleados tenían en ese momento?
–Silvana: Algo más de 30.
–¿Y ahora?
–Alejandro: Alrededor de 146. Necesitábamos crecer en recursos humanos con profesionalización. Decidimos incorporar a chicos a punto de recibirse en Ingeniería Industrial o Mecánica.
–Desarrollarlos y formarlos.
–Silvana: Exacto. La oleohidráulica es algo muy especializado. Se trabajó mucho en capacitar.
–Son la nueva generación al frente de la empresa. ¿Cómo es la gestión? ¿Qué les preocupa cada vez que abren la puerta?
–Alejandro: La profesionalización. Una cosa es renovarse y otra, profesionalizar la gestión. Necesitamos respuestas rápidas. Un cliente no puede esperar dos días.
–Silvana: Tratamos de llevar a cada puesto, a cada persona, la cultura de la innovación, que no es sólo sacar un producto nuevo, sino innovar en procesos. Ahora estamos trabajando tanto en la profesionalización de nuestros clientes como de los proveedores.
–¿Apuntada a qué?
–Los dos pilares, en especial con nuestros clientes, son la sustentabilidad y otra cuestión preocupante con los distribuidores, que nacieron con nosotros, que es la sucesión. Transmitimos el ejemplo de nuestros padres y queremos ver si ellos tienen sucesores, sean hijos o no, pero cómo lo van a manejar.
–Me llama la atención de que no hablen de presión fiscal, costo laboral, dólar.
–Alejandro: Eso está. Pero cuando hacemos las reuniones con nuestros equipos queda claro que hay variables que no podemos manejar. No es que sean cuestiones ajenas, pero tenemos que trabajar puertas adentro. Si no se hace eso, es difícil mantenerse o progresar. Con la nueva generación hay que trabajar más, con los millennials , que viven para el día.
–¿Cómo hacen para incentivarlos, que no se vayan?
–Silvana: Hay que hacerlos partícipes de los proyectos. Tenemos reuniones semanales y no queda en una sola persona ir a visitar a un cliente. También lo hace gente del área de investigación y desarrollo (I+D) o de producción. Que se involucren. Que vayan y vean cómo es afuera.
–Alejandro: Días atrás presentamos 14 proyectos nuevos de innovación sobre los productos, con gente que va a la calle.
–¿Y qué hay de nuevo?
–Lanzamos una válvula hidráulica y electrónica, proporcional. Los movimientos se manejan en forma electrónica para graduar y no ser bruscos. Somos la primera empresa a nivel nacional en producirla. Hay dos grúas que se están homologando en YPF, para las obras de Vaca Muerta. Si las aprueban, vamos a ser los primeros proveedores nacionales en eso.
–¿Es el primer desembarco en hidrocarburos?
–Hemos entrado antes en forma indirecta, con plataformas de traslado. Esta sería la primera incursión directa.
–¿Qué más tienen?
–A los productos propios los vamos renovando tecnológicamente o los rediseñamos para mejorar los costos. Estamos largando una nueva línea con alta resistencia de presión, sin que eso signifique aumentar el costo, con el esfuerzo de proveedores y rediseño propio.
–¿Cuándo I+D fue, formalmente, un departamento?
–En un momento se llamaba Ingeniería. Hacía producto y procesos. Jorge Almirón (tercer socio) era el encargado. Cuando empezó la nueva generación, definimos dividir las ingenierías: producto y procesos. Eso fue alrededor de 2011. Está al frente mi hermano, Claudio Bittolo.
–¿Hay otros hermanos en la empresa?
–Alejandro: Los míos: Gabriela, Gustavo y Guillermo.
–¿Y cómo ganan mercados? Porque las condiciones son las mismas para todos: dólar, costos laborales, impuestos, etc.
–Alejandro: Siempre partimos de la necesidad técnica o económica. A partir de eso desarrollamos una línea de producto e involucramos a toda la cadena de valor. Que los proveedores tomen conciencia que sostenerla es una bandera para diferentes mercados. Hoy estamos compitiendo en forma directa con Sauer-Danfoss, que es una empresa que tiene más de 100 años, inglesa, que fabrica en la India, y estamos palo a palo en los precios.
–Silvana: A veces hacemos acuerdos con los proveedores para bajar costos en determinados lotes que van al exterior.
–Alejandro: Por supuesto que esto no es color de rosa, no se hace de la noche a la mañana. Hay gente que sube al tren y otros no.
–Silvana: Tanto a los proveedores como quienes trabajan con nosotros, tratamos de que entiendan que ganar un mercado en el exterior es muy difícil, lleva muchos años. Son muchas pruebas, homologaciones, pruebas de campo.
–¿De cuánto tiempo estamos hablando?
–Alejandro: Entre un año, año y medio para homologar un producto. A veces hasta dos años. Además de demostrar que sirve, también tenemos que demostrar, porque somos argentinos, que somos confiables.
–¿Qué producto es el caballito de batalla de Sohipren?
–La línea que llamamos New Holland. Es una bomba, con diferentes versiones, para tractores. También válvulas. Hace 16 años que lo venimos manteniendo.
–¿Y los socios?
–Miran de arriba, un poco porque las enfermedades no ayudan y también han delegado la gestión.
–¿Pero qué dicen? ¿Critican?
–Silvana: Obviamente hacemos reuniones cuando hay decisiones importantes. Pero son nuestros padres, así que en reuniones familiares también se habla.
–Alejandro: Hay una particularidad que no mencionamos en toda esta historia de Sohipren.
–¿Cuál?
–Somos marido y mujer
–¡No lo puedo creer! ¡Me engañaron!
–(Risas) Silvana: ¿Arrancamos de nuevo?
–Les estaba por decir que hacen buena pareja.
–(Risas) Alejandro: Nos conocimos aquí, nos pusimos de novios, nos casamos y formamos una familia.

Juntos a la par
Familia y cocina
Nombre. Alejandro Piccioni (46) y Silvana Bittolo (47).
Hijos. Pedro.
Empresa. Sohipren SA.
Socios de la empresa. Ricardo Piccioni, Danilo Bittolo y Jorge Almirón.
Empleados. 146.
Producción. 40 mil bombas y 15 mil válvulas anuales, además de kits de repuestos.
Comparten. "Me gusta la cocina", dice Silvana. "A mí el tenis, aparte de comer. Pero a los dos nos gusta cocinar", apunta Alejandro.
Al mundo. Exporta a 33 países.
Teléfono. (0351) 493-7200.
E-mail: [email protected]
Web. www.sohipren.com

