“No podemos ser tan tontos”
La devaluación nominal desde la salida del cepo ya supera el 59 por ciento. ¿Cuánta competitividad real se habrá conseguido tras las paritarias?, es lo que se preguntan los empresarios.
A partir de la "herencia" que por algún motivo Mauricio Macri evita –hasta ahora– blanquear, la economía se ha llenado de datos de compleja interpretación. Algunos son de carácter centralmente económicos, como la zigzagueante estrategia para atacar la inflación o el continuo drenaje de reservas internacionales; otros devienen de actitudes que comienzan a sembrar un camino de expectativas positivas para el sector empresarial. Por los 10 puntos acumulados en el aumento de los precios desde noviembre, Macri pagó cara una decisión en rigor positiva: la duplicación del piso del Impuesto a las Ganancias respecto de los niveles que tenía con el gobierno anterior. El Estado se desprenderá de 49 mil millones de pesos sin que ello signifique casi nada en términos de impacto político. Por el contrario, el ministro Alfonso Prat Gay debió retocar de urgencia el esquema de aplicación de los descuentos para morigerar la ola de críticas y mitigar así la presión sobre las negociaciones paritarias.Ese es, al decir de los empresarios, el nudo gordiano de la coyuntura. Si las pretensiones en las paritarias se disparan, la mejora en la competitividad conseguida en forma directa a través de la devaluación nominal del peso, puede perderse de nuevo. Ya pasó en enero de 2014 con aquella corrección cambiaria de Axel Kicillof.La devaluación nominal del peso suma poco más del 59 por ciento desde que el país salió del cepo cambiario. La recuperación salarial a la que apuntan la mayor parte de los sindicatos ronda el 30 al 35 por ciento. "Si después de todo esto, no terminamos con una mejora real en la competitividad de al menos el 15 por ciento, estamos frente a una nueva frustración", advertía un CEO de primera línea. Acto seguido bramaba: "¡No podemos ser tan tontos!".No todas son pálidas. El casi seguro arreglo con los holdouts dejará al Gobierno fortalecido. En 70 días, habrá resuelto un problema en el cual el kirchnerismo se enredó más por impericia que por convicción y que al país le costó no solo millones de dólares sino también el aislamiento de los mercados financieros. La clave fue volver al diálogo, algo que debería potenciarse si la prioridad es volver a crecer.

