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Lo que importa no es el tamaño, es la velocidad

04 de junio de 2017 a las 12:28 a. m.
Lo que importa no es el tamaño, es la velocidad

Hay una pregunta clásica que los psicólogos echan a rodar en toda entrevista laboral: si fueras un animal, ¿cuál serías y por qué? Varios, incluso, piden que lo dibujes.

No conozco a nadie que a ese planteo haya respondido: “Sería un copépodo”, por la simple razón de que la mayoría ignora su existencia.

Y aunque la conociera, lo más probable es que pocos sientan algún tipo de atracción por un crustáceo que, como algo extraordinario, llega a tener un tamaño de dos milímetros de longitud. Peor si supieran que muchas especies se han convertido en parásitas.

Pero algo hay en este “bicho” que ha logrado adaptarse a casi todo tipo de ambiente acuático y que sirve de alimento a otros organismos del zooplancton.

A los biólogos les sorprende su capacidad evolutiva. Y creen que parte de ese éxito se debe a la velocidad y a la fuerza que tienen.

Incluso, están quienes aseguran que, en relación con su cuerpo, son los animales más rápidos y fuertes del planeta.

En la conversión a nuestros parámetros, se habla de una aceleración de más de 10 mil kilómetros por hora en un segundo. Un flash.

Hay más: hace dos años, la BBC reveló la existencia de un documental en el cual un grupo de investigadores logró capturar, por primera vez, a copépodos comiendo... ¡plástico!

¿A cuento de qué viene esto? Lejos de un planteo de espíritu darwinista, lo de los copépodos vale como fábula contemporánea en la nueva dinámica que tracciona a la economía.

El escenario, caracterizado por la rapidez y por la escasa duración que imponen los avances tecnológicos, propone un paradigma de fuerzas muy diferente al de la modernidad.

Ya no es la clásica tensión entre grandes y chicos (que hasta se planteaba como la de fuertes contra débiles). Ahora, más que nunca, la diferencia es de velocidad. Los copépodos al poder.

Esto no significa que los pequeños se conviertan en líderes sólo por el hecho de que, al ser más chicos, podrían ser más ágiles y ganarle a la pesadez de los grandes. Para nada.

De hecho, todas las compañías importantes alguna vez fueron apenas una semilla, aunque, por cierto, no todos los emprendimientos crecen de la misma manera. Hay múltiples factores que condicionan esa evolución, incluso exógenos.

Pero la cuestión es la aceleración y la capacidad de adaptación en un escenario cambiante y en condiciones adecuadas al tamaño de cada uno. Y en particular, la rapidez con la que los cambios son adoptados en la cultura interna de las compañías.

La imagen de grandes empresas comiéndose a las chicas o dejándolas con mercados marginales es más del pasado que del futuro. Ahora son las rápidas las que dejan al costado del camino a las lentas. Lo que pasó con Kodak es uno de los ejemplos más claros.

Más de la mitad de las firmas que lideraban el índice bursátil Standard & Poor’s 500 (S&P 500) al inicio del nuevo siglo ahora ni figuran entre las primeras posiciones, casilleros que completan empresas que décadas atrás asomaban como los primeros brotes de la imparable digitalización de los negocios.