La madre de todos los nudos
De los distintos embrollos que dejarán 12 años de kirchnerismo en las instituciones y en la economía argentina, el tema fiscal será –sin duda–, el más complicado de desanudar.
De los distintos embrollos que dejarán 12 años de kirchnerismo en las instituciones y en la economía argentina, el tema fiscal será –sin duda–, el más complicado de desanudar. Repensar el aporte al fútbol, racionalizar el desquicio de Aerolíneas Argentinas, reorganizar los subsidios al transporte y la electricidad no serán temas fáciles. Pero serán nimias al lado de la gran tarea pendiente: un nuevo esquema tributario que simplifique el laberinto actual.Parche sobre parche, sobre parche, el sistema impositivo argentino no da para más. Agobia sólo mirar el esquema que "explica" cómo se recauda y reparten IVA, Ganancias, impuestos internos, cheque, ganancia mínima presunta, monotributo, bienes personales, comercio exterior, tasas varias e infinidad de cargos a distintos consumos. Desarmar esa madeja que lleva décadas de enredos es tan sensible como desactivar una bomba: cualquier cambio va a desfinanciar algún sector, desnutrir algún interés o cortar alguna prebenda. Y ya se sabe: en Argentina (más que en cualquier otro lugar), el que no llora, no mama (y el que no afana es un gil, para completar el párrafo del tango).El confuso anuncio de Kicillof sobre el Impuesto a las Ganancias de esta semana es un excelente botón que vale de muestra: presentando de una forma, la letra chica termina diciendo otra cosa y la ejecución práctica de la medida –en muchos casos– terminará con el absurdo de asalariados pagando más que antes del "beneficio". Corregir las distorsiones de este tributo es tan simple como cambiar la "tablita" y definir nuevo piso de tributación. En lugar de esto se armó un galimatías de ampliación de deducciones que termina confundiendo hasta a los expertos.Como corolario, la soberbia del ministro Kicillof al presentar la medida termina enfadando por su tono hasta a los pocos beneficiados.En cuenta regresiva hacia las elecciones, preocupa que los principales candidatos no tengan una posición clara sobre este tema. ¿Alguno se animará a encarar la discusión de la Ley de Coparticipación pendiente? Y si alguno lo declama, ¿cómo piensa plantear una discusión sobre la que la misma Constitución impone unanimidad de criterios a la hora de la firma final de todas las provincias?Tantos nudos anudados quizá nos plantan frente a una oportunidad histórica: barajar y dar de nuevo. El momento histórico es propicio. La duda es la capacidad y el valor de nuestros líderes.

