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La inflación del mundo desarrollado

La inflación de activos financieros podría representar un problema potencial para las autoridades monetarias.

06 de enero de 2014 a las 12:01 a. m.
Federico Furiase*
La inflación del mundo desarrollado

A  pesar de la inyección de liquidez en el sistema por parte de los bancos centrales del G3 (Estados Unidos, Japón y Europa) a partir de la crisis financiera global de 2008, la inflación de bienes en el mundo desarrollado se ubica bien por debajo de la meta inflacionaria del dos por ciento anual. En Estados Unidos, la Reserva Federal multiplicó por cuatro su hoja de balance desde septiembre de 2008 en pos de recomponer el canal del crédito interbancario primero, y posteriormente, para mantener bajas las tasas de interés.Por su parte, el Banco Central de Japón multiplicó por 1,5 su hoja de balance desde septiembre de 2012 para revertir 15 años de deflación y estancamiento estructural. Más allá de este escenario de emisión monetaria en el sistema en el mundo desarrollado, la inflación de bienes de estos países no supera el uno por ciento anual, como ya se mencionó.¿Qué hay detrás de este fenómeno?En primer lugar, buena parte de la emisión monetaria de los Bancos Centrales del G3 termina alojada en las reservas de los bancos como contrapartida de un mundo desarrollado en el que el crédito hacia la economía real no arrancó del todo. Asimismo, la puja distributiva no constituye una fuente de presión inflacionaria adicional frente a un contexto en el que el desempleo permanece por arriba de los niveles de crecimiento potencial. Si bien la emisión de liquidez en el sistema por parte de los Bancos Centrales del G3 evitó un escenario de deflación de precios al reactivar las expectativas inflacionarias durante los episodios de aversión al riesgo (i.e. contagio financiero), la inflación de bienes no constituye un riesgo potencial, al menos en el mediano plazo para la política monetariaAhora bien, el análisis de la inflación de activos reales (viviendas) y financieros (acciones y bonos) es bien distinto. En los últimos 12 meses, la bolsa de Estados Unidos registró una suba del 25 por ciento, mientras que la de Japón subió en torno a un 55 por ciento. Evidentemente, el canal de transmisión de la emisión monetaria de los Bancos Centrales fue la reflación (i.e. inflación) de los activos gatillada por el incentivo a la toma de riesgo generado por el desplome del costo de fondeo y la búsqueda de un mayor rendimiento financiero en activos más riesgosos. Si bien este mecanismo de transmisión constituye un efecto riqueza positivo para los consumidores que compensa la debilidad del mercado de trabajo, la inflación de activos financieros sí podría representar un problema potencial para las autoridades monetarias. Como quedó demostrado con la crisis de la burbuja hipotecaria de 2007/2008, los Bancos Centrales no pueden estar ajenos a los problemas potenciales de inestabilidad financiera asociados a la formación de burbujas en algunos segmentos del mercado. En algún punto, el inicio gradual del retiro de los estímulos monetarios de la Reserva Federal de Estados Unidos –una vez resuelto el problema sistémico de los bancos– reflejaría este riesgo potencial. En síntesis, si bien la emisión monetaria de los Bancos Centrales aún no ha generado un riesgo desde el punto de vista de la inflación de bienes, la inflación de los activos financieros generada por los incentivos a la toma excesiva de riesgo financiero sí estaría marcando los límites de la intervención monetaria de los Bancos Centrales. En los próximos años, entonces, el desafío de la política monetaria del mundo desarrollado pasará por ir reduciendo la inyección de dinero frente a un mundo desarrollado que todavía se ubica por debajo de los niveles consistentes con el pleno empleo de los recursos productivos. Este año, será el turno de la Reserva Federal de Estados Unidos.

*Economista de Estudio Bein & Asociados