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La brecha cambiaria, el primer enemigo a vencer

El nuevo Gabinete debería reducir la distancia entre el dólar oficial y el informal.

25 de noviembre de 2013 a las 12:01 a. m.
La brecha cambiaria, el primer enemigo a vencer

En 2012 ya había controles al cambio y al comercio exterior y, sin embargo, la pérdida de reservas del Banco Central fue de tres mil millones de dólares, sólo una cuarta parte del drenaje de este año. ¿Por qué tanta diferencia? Mientras 2012 fue un año recesivo, con caída de importaciones, en 2013 el producto interno bruto (PIB) se está incrementando un tres por ciento. Pero el elemento distintivo es la brecha cambiaria. En promedio, ésta fue de 25 por ciento en 2012 y saltó a casi 60 por ciento en lo que va de 2013.

El nuevo andarivel modificó cualitativamente el escenario económico, al activarse un círculo vicioso que va de los arbitrajes que perjudican al Banco Central, pasa por la caída de reservas y luego por el redoblar de las expectativas de devaluación, para volver al punto inicial. Bajo este enfoque, las medidas económicas que pueda tomar el nuevo gabinete deberían ser evaluadas en función del impacto que produzcan sobre la magnitud de la brecha cambiaria.

Luego de la introducción de los controles al cambio, en noviembre de 2011, el recorrido de la brecha entre el segmento oficial y el marginal reconoce distintas etapas. Hasta mediados de 2012, la diferencia fue muy acotada al oscilar entre el 10 y el 15 por ciento; luego hizo un pico cercano al 50 por ciento en julio, para ubicarse en torno a 30 por ciento el resto del año. El promedio de 2012 fue de 25,1 por ciento. En 2013, la brecha cambiaria se empinó desde marzo, hizo un pico de 100 por ciento en mayo y después se estabilizó en torno a 60. Este nuevo andarivel introdujo un cambio cualitativo en el funcionamiento de la economía, que quizá no fue dimensionado en su momento.

Los lectores de esta columna posiblemente recuerden el artículo del 28 de abril pasado que, bajo el título “La caída de reservas nubla el horizonte”, trataba de alertar acerca de las implicancias de la nueva etapa. Apuntaba que la ampliación de la brecha habría de activar “los malos incentivos”, alertaba sobre la “dinámica” que podía adquirir la evolución de las reservas y subrayaba “la inconsistencia de un régimen de control de cambios para un país sofisticado como la Argentina”.

Dada la cantidad de dólares que los argentinos tienen ahorrados (en el “colchón” y otros instrumentos), cuando la brecha cambiaria sube y se percibe que está en un pico, se activan diversos nichos de demanda, como el caso de autos, insumos de la construcción, viajes y otros (todo sale más barato en términos del billete). Las noticias de mejoras del nivel de actividad pueden haber adormecido los reflejos del Gobierno, pero ahora llegan las facturas a pagar.

Esta peculiaridad de los “dólares del colchón” explica la falta de proporción de algunos indicadores de nivel de actividad con el crecimiento de la economía, que para este año puede estimarse en tres por ciento. Por caso, las importaciones de automóviles suben, en dólares, suben un 33 por ciento interanual. O el déficit de servicios turísticos, que se está duplicando de un año para el otro. El aumento de exportaciones de 2013, que es de 6,2 por ciento interanual para el subconjunto que excluye energía, ayudó a financiar parte de la expansión de la economía, pero es insuficiente para compensar aquellos movimientos, más si se incluye la cuenta energética, con un “rojo” que también se duplicó de un año para el otro.

Para 2014 las perspectivas no son alentadoras ya que el déficit de combustibles podría ampliarse en dos mil millones de dólares, mientras que el aporte del complejo agroindustrial a las exportaciones podría recortarse en dos mil millones de dólares por efecto de los precios internacionales.

Paradójicamente, la elevación de la brecha cambiaria, que puede hacer despertar a los “dólares del colchón”, seca totalmente la entrada de capitales desde el exterior, que se resisten a ser cambiados por pesos al tipo de cambio oficial.

En este cuadro de situación, el Gobierno debería reconocer que no tiene demasiados instrumentos para atacar distintos objetivos al mismo tiempo y que debería concentrarse en superar los desequilibrios del sector externo, subordinando temporalmente el resto de metas.

Lo ideal sería volver a unificar el mercado de cambios, con el libre canje de pesos por dólares, y viceversa. Pero hoy faltan condiciones para que esto ocurra de modo no traumático. Por lo tanto, un “segundo mejor” es lograr acotar la brecha cambiaria a un nivel inferior al 25 por ciento, tal como ocurrió en 2012.

El dólar blue a 9,90 pesos es muy difícil de bajar. En realidad, refleja bastante bien lo que ha venido ocurriendo con la expansión monetaria del Banco Central, explicada, a su vez, por el deterioro de las cuentas fiscales. Sólo un dato al respecto: en los últimos 12 meses, el sector público es responsable por un aumento bruto de 84,8 mil millones de pesos de la base monetaria.

Por ende, si no queda otra alternativa que cerrar la brecha “desde abajo hacia arriba”, para volver al 25 por ciento habría que llevar el tipo de cambio oficial a 7,9 pesos por dólar. Sería una forma de reconocer el cambio de escenario local y también de los determinantes externos, con una devaluación del real de 11 por ciento en el último año y una caída de 17 por ciento de los precios de las materias primas que exporta el país.

No se trata de fijar el tipo de cambio oficial en ese nuevo nivel sino, simplemente, de hacer más consistente su evolución, a partir de allí, con respecto al resto de variables.

Una movida de estas características sólo podría hacerse con la plena disposición oficial a revertir el déficit fiscal, recortando subsidios y otras partidas de gasto. Cuando Brasil devaluó el real en 1999, tuvo éxito porque llevó el superávit primario del sector público de cero a tres por ciento del PIB en muy poco tiempo.

Pero, además, debería estar dispuesto a subir las tasas de interés para que las empresas se vean forzadas a desacumular inventarios, de modo de contener el impacto inflacionario. Dado que el stock de deuda es muy acotado, si esta política es temporal, no debería afectar la salud financiera de las firmas.

Un compromiso fiscal contundente, un nuevo índice de precios libre de toda controversia, podrían hacer que los ahorristas locales diversifiquen sus opciones de inversión. Son también pasos necesarios para comenzar a normalizar las relaciones financieras internacionales, incluido el Club de París y el retorno a los mercados de deuda.

Respecto de otras opciones en danza, hay que consignar que acentuar los controles al cambio llevaría a una ampliación de la brecha, potenciando los efectos negativos analizados más arriba. Si, en cambio, se decide convivir con tipos de cambio múltiples, se abriría una Caja de Pandora en términos de la reacción de los sectores que queden afuera. Y se relajaría la tarea en el frente fiscal y monetario, un lujo que hoy la economía argentina no debería darse.