¿Hay política antiinflacionaria?
La política monetaria actúa con rezago de unos 6 meses: aún soporta los efectos inflacionarios de la gran expansión monetaria de fines de 2015.
Después de los primeros 100 días del nuevo gobierno, esta parece ser una pregunta que tiende a generalizarse. Y si hubiera política antiinflacionaria, ¿por qué es todavía notoria el alza de los precios? Preguntas relevantes que merecen una respuesta. En primer lugar, cabe decir que efectivamente hay una política destinada a combatir la inflación. Ha sido coherentemente diseñada y se encuentra en plena ejecución. Para avanzar en una explicación es conveniente repasar algunos conceptos, que si bien conocidos, son a menudo desatendidos: Nivel general de precios (NGP). Es la suma ponderada de todos los precios nominales de una economía. Precios relativos. Muestra la posición de cada precio en relación a los demás. Son magnitudes reales (son el cociente entre unidades monetarias) que inciden tanto en la asignación de recursos de esa economía como en la distribución del ingreso. Inflación. Es un continuo, el NGP debe aumentar sostenidamente en el tiempo. Si un precio o un conjunto de precios sube en un determinado momento ello no significa que haya inflación. Se trata de un cambio de precios relativos que puede ser una presión inflacionaria. Pero no necesariamente esto implica que ella ponga en marcha un aumento generalizado que se mantenga en el tiempo. La inflación es un fenómeno monetario. Un cambio de precios relativos (por ejemplo una devaluación o un aumento de salarios) puede alterar el NGP sólo si la cantidad de dinero o la velocidad de circulación varían en igual dirección.Pero si la cantidad y la velocidad de circulación permanecen constantes, un análisis de equilibrio general muestra que algunos precios suben y otros bajan, de manera que, en promedio, el NGP no varía. Una vez desencadenado un proceso inflacionario, es obvio que el aumento del precio de un insumo, materia prima, mano de obra, energía, crédito, etcétera, significa una suba de costos que, si el mercado lo permite, puede llevar a un aumento del precio del bien final.Puede pensarse por lo tanto que un aumento del costo es la causa de la inflación.Pero no es así. En el agregado de toda la economía no son los costos los que determinan los precios de los bienes; son los precios los que determinan los costos. Y los precios nominales son guiados por la oferta y demanda de dinero.La causa de un alza sostenida de todos los precios no está en los costos sino en el continuo aumento de la emisión por sobre la demanda de dinero. Es por ello que medidas tendientes a controlar los costos, ya sean salarios u otros insumos, o un acuerdo de precios y salarios, no definen una política antiinflacionaria efectiva.Para serlo, debe basarse en una disminución de la tasa de crecimiento de la oferta de dinero, lo cual requiere, y esto es básico, un equilibrio de las finanzas públicas. En términos generales, estos son los fundamentos de la actual política.Sigue de lo anterior que para atacar eficientemente la inflación debe establecerse una "regla monetaria". Pero además, si hay precios subsidiados de servicios públicos, a pesar del control monetario pueden generarse expectativas inflacionarias que provoquen un aumento de la velocidad de circulación del dinero.Es decir que deben eliminarse estos subsidios. Pero si hay una regla monetaria, la suba del costo de la energía por ejemplo no implica generar inflación.La única manera de controlar la inflación es fijando una regla monetaria consistente. Esta es una condición sine qua non , que en el caso argentino tiene un ingrediente político.No podría fijarse la regla óptima (inflación cero) mientras no se normalicen los precios relativos y no se arregle el pago de la deuda externa y se pueda tener una estimación razonable de cuántos fondos del exterior pueden lograrse para ayudar a financiar gastos del Estado. Y para conocer la magnitud de este gasto deben conocerse los gastos "políticos" para lograr apoyo tanto en el Congreso como en provincias y sindicatos, así como también la magnitud del gasto social en términos de subsidios al consumo durante la transición. Ambas condiciones deben cumplirse simultáneamente.Esto podría ser considerado una política monetaria consistente, el gradualismo inevitable al cual hace referencia el discurso oficial.Como resultado, la organización económica muestra signos de un debilitamiento de la presión inflacionaria. Y hay que advertir que la política monetaria actúa con un rezago de unos 6 meses, es decir que aún soporta los efectos inflacionarios de la gran expansión monetaria de fines de 2015.

