a) Guatemala b) Guatepeor
Después de los saqueos de principios de diciembre y los cortes de luz de las últimas semanas, hay que escarbar hasta encontrar a un optimista “patológico”, para ver un pronóstico que diga que 2014 será mejor que este flojo y chueco 2013 que se va.
Después de los saqueos de principios de diciembre y los cortes de luz de las últimas semanas, hay que escarbar hasta encontrar a un optimista “patológico”, para ver un pronóstico que diga que 2014 será mejor que este flojo y chueco 2013 que se va.
Estirado hasta los límites del ridículo, el “relato” que explicaba un “modelo” en función del nivel de actividad sigue perdiendo aceite y rompiendo engranajes: el crecimiento del PIB no sólo fue magro este año, sino que apunta a ser aún más flaco el año próximo.
Con suerte, creceremos entre uno y dos por ciento en los próximos 12 meses, casi una expansión vegetativa que acompaña el crecimiento poblacional.
Pero los promedios esconden: el último estudio de la deuda social de la Universidad Católica Argentina reveló la existencia de 10 millones de pobres, un dato que para el jefe Milton es imposible. “Las condiciones desde el punto de vista social han mejorado sustancialmente”, dijo Capitanich.
En este punto –como en tantos otros–, el relato entra
en contradicción: ¿por qué aumenta la delincuencia y el vandalismo si –como el propio Gobierno nacional expresa–, los robos son directamente proporcionales a la exclusión social? ¿Cómo se puede estar mejor y peor en simultáneo?
Si en el frente social 2014 no viene fácil, en el mercado laboral y el sector empresario no pintan mejores perspectivas.
Un informe de Finsoport muestra que en 2012, salario e inflación empataron la carrera, pero que en el año que termina la suba de precios se adelantó sustancialmente a los ingresos del trabajo. Por eso mismo, muchas empresas tienen previstos aumentos salariales para el primer trimestre del año y no pocos gremios buscan adelantar paritarias.
Y desde los escritorios de las empresas –en general– reina un profundo desánimo: las ventas siguen –todavía– estoicas, pero la caída de rentabilidad borra cualquier atisbo de celebración. Las nóminas de cuentas a cobrar se abultan con la ralentización típica del momento del año, con el agravante de que la inflación horada el valor de ese dinero. No es una exageración: se estima que el promedio de precios de productos de almacén podría trepar hasta cuatro por ciento en diciembre.
Así las cosas, el economista Carlos Melconian prevé dos escenarios para 2014: uno de un lento deterioro del proceso actual, con un poco más de inflación, un poco más de déficit fiscal y un poco más de conflictividad social y gremial. Ese es el mejor pronóstico.
El otro presume que el estado de cosas tendrá una aceleración en su agravamiento, con mucho más déficit y emisión, inflación camino al 40 por ciento anual y el tejido social sangrando por varios frentes.
Con medidas aisladas e inconexas, el recambio de gabinete nos va sacando de a poco de “Guatemala”. El tema es que parece llevarnos a “Guatepeor”.

