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Gradualismo, “shock” y después

El Gobierno dio un giro en su estrategia para el mercado cambiario, aceleró la devaluación oficial y anunció un relajamiento del cepo cambiario. 

26 de enero de 2014 a las 12:01 a. m.
Gradualismo, “shock” y después

Dos premisas básicas de la implementación de políticas económicas de shock son, por un lado, la sorpresa, y por el otro, cierta certeza. Cuando se decide acudir a este tipo de medidas, la intención es dar un giro importante a la situación anterior junto con una señal contundente de que las cosas se amoldarán al nuevo escenario. Esto es lo contrario de lo que sucede con una política gradualista que ajusta de a poco las variables para que la economía se vaya amoldando. A diferencia de la anterior, se prolonga en el tiempo y nadie sabe dónde termina. La semana pasada, el Gobierno dio un giro en su estrategia para el mercado cambiario: de la devaluación gradual de los últimos años (cuyo ritmo se acentuó en 2013, acompañada de otras medidas para encarecer el "dólar turista") se pasó a una suba acelerada del tipo de cambio oficial, que se devaluó 17,6 por ciento en cinco días. El viernes, esto se complementó con un relajamiento, por lo menos en lo formal, del cepo cambiario. Todo apunta a pensar que el gradualismo terminó y que, como no dio resultado, ahora la estrategia será de shock . Se busca llegar más rápido a la meta (¿habrá un valor del dólar objetivo?) para evitar que los agentes económicos posterguen decisiones que permitan acercar las valiosas divisas al mercado oficial. Sin embargo, algo no encajó en el anuncio del viernes. Como dijimos al principio, para que el shock sea efectivo no debe ser esperado (de hecho, sorprendió) pero, además, tiene que ser bastante contundente para desinflar expectativas de un cambio en el futuro. Y esto estuvo lejos de ser así. El anuncio de Jorge Capitanich y Axel Kicillof dejó más incertidumbre que otra cosa. En primer lugar, las medidas estuvieron mal comunicadas en sus alcances ya que las normas que la respaldan no se difundieron.En segundo término, hubo señales contradictorias de ambos: mientras Capitanich dio a entender que el nuevo valor del dólar había sido una decisión del Gobierno, para Kicillof fue producto de "ataques especulativos". Más allá de ello, que podría sonar anecdótico, lo cierto es que consumidores, empresarios, inversores, empleados y cualquier otro agente económico no tienen claro cómo sigue esto. ¿Es esta una más de las medidas de "prueba y error" tomadas por el equipo económico para cerrar la brecha del dólar oficial y el paralelo y para frenar la pérdida de reservas? ¿Hay un convencimiento de que esta es la vía correcta y se la seguirá con firmeza?Para esto último, es crucial que las señales del Gobierno vayan por el mismo lado en otras áreas: en políticas fiscal, monetaria y cambiaria que estén en pos del objetivo de reducir las distorsiones, frenar la inflación, atraer inversiones, incentivar el comercio exterior. En fin, resolver los problemas de fondo, no actuar sobre sus consecuencias.Y para esto, el voluntarismo (hubo mucho en los dichos de Kicillof del viernes, sobre todo cuando dijo que no se permitirá que la devaluación se traslade a precios) no ayuda.