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Empieza el semestre más difícil

Como en todo balance, las salidas son sólo la mitad del problema. La otra mitad es que la posición económica que el kirchnerismo fue construyendo ahuyenta el ingreso de divisas en todas sus formas.

31 de agosto de 2014 a las 12:11 a. m.
Redacción La Voz
Empieza el semestre más difícil

Desde mañana y hasta principios de marzo (cuando empieza la “temporada alta” de liquidación de exportaciones agropecuarias), las cuentas del Banco Central tienen, históricamente, su peor semestre.

Y aunque este flujo y reflujo de divisas es “natural”, sucede que este año el punto inicial del que parte la bajada de la marea es preocupante: menos de 30 mil millones de dólares.

Además, la demanda de pagos externos y la asistencia del Central al Tesoro (para tapar el agujero de las cuentas públicas) demandarán no menos de 10 mil millones de dólares.

Como en todo balance, las salidas son sólo la mitad del problema. La otra mitad es que la posición económica que el kirchnerismo fue construyendo ahuyenta el ingreso de divisas en todas sus formas.

No ingresan dólares por préstamos externos y el nuevo default hace esa chance más lejana.

No ingresan importantes flujos de inversiones porque la economía argentina está en recesión, no tiene seguridad para los inversores extranjeros y porque, en general, no hay reglas claras.

No ingresan (menos en este semestre) fuertes flujos de liquidaciones de exportaciones porque lo principal de la cosecha ya se liquidó (o se atesora), porque la expectativa de devaluación hace demorar liquidaciones y porque, además, el tipo de cambio es muy poco competitivo para cada vez más sectores de la producción.

La carta que tiene el equipo económico es un “canje de divisas” con el banco central chino, que traería algo de alivio. ¿Suficiente para llegar a marzo? Las apuestas en contra son cada vez mayores.

La disparada del dólar blue a niveles que lo acercaron a los 15 pesos la semana que pasó es una señal de que cada vez hay más gente dispuesta a pagar un precio muy alto por escapar del vapuleado peso argentino. Tenemos el billete de mayor denominación que menos divisas compra en la región y la pila de billetes que cada vez valen menos empieza a ser un estorbo y una complicación logística mayúscula.

La necesidad de nuevas denominaciones de billetes (200 y 500 pesos, por lo menos) es quizá una anécdota cabal de la importancia exacerbada que el kirchnerismo les da a los símbolos: creen que manteniendo sólo billetes de 100 pesos disimulan el deterioro de nuestra moneda.

La devaluación del peso (aunque seguramente inevitable antes de fin de año) tampoco será la solución per se . Si no viene acompañada de un plan integral que piense en restablecer equilibrios fiscales, durará seguramente menos que la devaluación de enero pasado. Y vuelta a empezar.