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El valor del gas que nadie quiere pagar

El Gobierno no podrá bajar subsidios y deberá armar nuevas tarifas. Familias y Pyme no podrán esquivar aumentos. Productores y distribuidores a la espera.

12 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Diego Dávila y Walter Giannoni
El valor del gas que nadie quiere pagar
(Sergio Cejas)

Los aumentos en las tarifas del gas natural levantaron la temperatura del país. Es que el Gobierno kirchnerista dejó una frazada demasiada corta y llena de agujeros para tapar a los argentinos durante este invierno, que para colmo llegó con más frío que en años anteriores. El gran problema para la administración de Mauricio Macri es cómo hará para convencer a los ciudadanos de poner lo que hay que poner para agrandar la frazada. El hoy cuestionado ministro de Energía, Juan José Aranguren, intentó resolver este problema de una vez, llevando los precios a niveles similares que tienen los países vecinos, sin medir el efecto político que esto provocaría. La fuerte reacción de las provincias y los diferentes sectores de economía obligaron al funcionario a dar marcha atrás y fijar un nuevo esquema de aumentos: elevó 150 por ciento el valor promedio que se paga a los productores el millón de BTU (la medida que se utiliza para medir el gas), con lo que pasó de 2,32 a 5,80 dólares; a su vez, incrementó hasta 400 por ciento las tarifas a las familias y hasta 500 por ciento a la industria, incluyendo en esta categoría a las Pyme y estaciones de servicio. Las causas por las cuales se llegó a esta situación se explicaron varias veces. Pero es bueno repasarlas para entender qué pasó hasta ahora y cuál es el destino del gas en Argentina.

Reacción. Las Pyme y los usuarios reaccionaron ante los aumentos aplicados por la Nación. (Antonio Carrizo)
Reacción. Las Pyme y los usuarios reaccionaron ante los aumentos aplicados por la Nación. (Antonio Carrizo)

La provisión de servicios públicos en Argentina (agua, gas y electricidad) está estructurada en tres partes: producción, distribución y comercialización.

El 70 por ciento de la producción de gas pertenece a tres empresas: YPF aporta un tercio; la francesa Total Austral tiene casi otro tercio y Pan American (Grupo Bulgheroni y capitales chinos) aportan otro 12 por ciento. El 30 por ciento restante está diseminado en 33 petroleras.

Cuando se produjo la devaluación en 2002, los precios a la producción cayeron de uno a 0,35 dólares. El resultado del gas barato fue que la industria petrolera dejó de invertir, inclusive YPF: entre 2005 y 2015, la producción de gas natural bajó 26 por ciento, de 51 mil millones a 38 mil millones de metros cúbicos anuales; mucho más que la producción petrolera, que en el mismo período bajó 12 por ciento, para pasar de 800 a 700 mil millones de barriles diarios.

Mientras que caía la producción, con tarifas baratas, subía el consumo residencial entre 15 y 20 por ciento, lo que agudizó los problemas. En 2011, el consumo interno de gas natural superó a la producción en 600 millones de metros cúbicos. En 2015, el déficit subió a 8.000 millones de metros cúbicos, lo que representó unos 3.000 millones de dólares.

Las bajas tarifas del gas natural también esmerilaron a las nueve comercializadoras, entre las cuales está Ecogas. La comisión final no era redituable para incrementar la red. Es por eso que sólo creció 30 por ciento, la mayor de las veces financiada por los usuarios o las desarrollistas.

“Subsidiodependientes”

¿Por qué no se derrumbó el sistema ante semejante cuadro? Porque mientras tenía superávit fiscal, el gobierno kirchnerista lo sostuvo con subsidios. Cuando el precio internacional del gas era de 7,2 dólares el millón de BTU, llegó a actualizar en algo el valor del gas al productor en el país, pero nunca superó los 1,5 dólares.

De todas maneras, en 2011 la Argentina pasó de ser un país exportador de hidrocarburos a ser un importador neto, principalmente de gas, trayendo de Bolivia, Paraguay, Uruguay y Brasil por red y desde Trinidad y Tobago o Qatar por barco. Este año se requiere más gas por el mayor frío; Bolivia priorizó a Brasil (con el que tiene un contrato de largo plazo) y esto obligó al gobierno argentino a comprar a Chile, que es 130 por ciento más caro.

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En 2014 y 2015, el Gobierno de Cristina Fernández empezó a actualizar las tarifas y garantizó a la industria un valor de 7,5 dólares el millón de BTU al gas excedente, con lo cual las inversiones crecieron 28 por ciento y pasaron a 10 mil millones de dólares. Pero a ese ritmo, recuperar la producción de hidrocarburos puede llevar entre cinco y 10 años. Tres para ver algo.

Esto preanunciaba que el esquema de gas natural barato subsidiado ya no daba para más. El año pasado, el Estado nacional terminó con un déficit fiscal de casi 300 mil millones de pesos y la mayor parte de los subsidios direccionados al sistema energético.

Aranguren intentó solucionar este esquema tratando de terminar con los subsidios y llevar el precio del gas natural a los valores del resto de la región. Pero se olvidó del impacto político de semejante maniobra. Mientras que en Argentina el precio al usuario era de 0,2 dólares el metro cúbico, en Chile es de 0,89 dólares, en Brasil es de 1,36 dólares y el de Uruguay es de 1,42 dólares.

La reacción

“El Gobierno está en el camino correcto: había que salir del gas barato. Pero la diferencia con los países de la región es enorme y Aranguren no hizo una evaluación centrada en el bolsillo del consumidor, las Pyme y la industria”, explicó un exdirectivo del sector que sigue muy cerca el proceso y que pidió reservas.

Así, el Gobierno se vio obligado a dar marcha atrás a incrementos que en algunos casos superaban el mil por ciento y fijó el nuevo esquema anteriormente señalado.

Con esto, el Estado sigue subsidiando al sistema. Lo confirmó el propio ministro de Interior, Rogelio Frigerio, quien advirtió que el presupuesto público aún sostiene el 70 por ciento del costo de la energía y que la tarifa apenas cubre un tercio.

“Veo muy difícil que se reduzcan los subsidios, más ahora que el cambio se frenó en la Justicia. El mayor problema ahora es saber si la Justicia va a aceptar un nuevo procedimiento o va a seguir avalando medidas cautelares”, explicó Diego Calvetti, socio líder en Petróleo y Gas de KPMG.

Según el especialista, Argentina tiene que ir necesariamente a los precios de la región, en el corto o en el mediano plazo, para recuperar producción e infraestructura. El problema es definir el camino.

El Gobierno podría lograr que la Justicia encause todos los amparos en un único proceso, entienden analistas. Mientras tanto, el equipo de Aranguren ya anunció que prepara un nuevo cuadro tarifario nacional, en función de la participación que tiene cada sector. Este nuevo esquema será tratado bajo el reclamado esquema de una audiencia pública. Así las cosas, la solución del problema del gas natural en el país tendrá que esperar.

El problema para la industria es el corte

El Comité de Emergencia, convocado por el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), pidió a las industrias el inicio de reducción de consumo hasta llegar al corte total de sus consumos. Lo hizo el miércoles pasado, cuando comenzaba a anunciarse la ola de frío que llegó este fin de semana.