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Cómo se miden las cosas

“A los adultos les gustan los números”, se quejaba el Principito. Pero es que –con perdón de los que conservan alma de niños– es imposible comprender la realidad sin magnitudes numéricas. Incluso en Bután, el país más preocupado por la felicidad que por la productividad, se elabora un índice de felicidad interna bruta… con números, claro.

12 de abril de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cómo se miden las cosas

"A  los adultos les gustan los números", se quejaba el Principito. Pero es que –con perdón de los que conservan alma de niños– es imposible comprender la realidad sin magnitudes numéricas. Incluso en Bután, el país más preocupado por la felicidad que por la productividad, se elabora un índice de felicidad interna bruta… con números, claro. El gran tema es que –además de gustarles los números– a los políticos les gusta abusar de ellos, haciéndoles decir cosas que nunca son 100 por ciento verdades, y casi siempre tampoco son 100 por ciento mentira. Aunque suene a utopía del Principito, quizá los adultos a los que nos gustan los números deberíamos trazar ciertas convenciones. Acotar la libertad con que se arman series estadísticas y poner parámetros de comparación. Y mediciones esenciales. El PIB, el PIB per cápita, los índices de pobreza e indigencia deberían estar en un "primer piso", donde la política de barricada, la de planta baja, no llegue a mancharlos.Es absurdo el planteo de Axel Kicillof sobre lo (supuestamente) estigmatizante que significa medir la pobreza. Nadie le pide que le pegue un título de pobre en la frente a una persona, sino simplemente que fijemos parámetros –que siempre serán convencionales– para decir: "Acá hay una línea de pobreza; por encima, no se es pobre; por debajo, sí se es". Claro que, para los políticos, la tentación de mover esa convención a su gusto y conveniencia es más fuerte cuando más débiles son las instituciones de un país. Y en Argentina, ya se sabe…El bombardeo a mansalva de números parciales que la Presidenta hace en cada cadena nacional en nada ayuda a la revalorización de las estadísticas. Ella se empecina en mostrar el lado positivo y (en esto suele tener razón) desde muchos sectores se realiza el ejercicio inverso para ver el lado negativo. El caso de la venta de motovehículos que usó CFK en su última cadena nacional es paradigmático: fustigó amargamente a un diario por decir que las ventas habían caído 21 por ciento, cuando en realidad habían crecido en similar proporción. ¿Quién mentía? Nadie: en marzo pasado –y según las asociaciones del sector, Mottos y Cafam–, la venta de motos creció 22 por ciento contra marzo de 2014, como subrayó la Presidenta. Pero una golondrina no hace verano y si tomamos el primer trimestre del año, el acumulado cae 21 o 23 por ciento, según la fuente, en relación con el mismo período del año anterior. Junto con la reorganización del Indec que deberá encarar el próximo gobierno, sería quizá una buena idea que un conjunto de centros de estudios e investigaciones económicas coincidan en subir a un "primer piso" un grupo de variables que no deberían ser manoseadas por la política pequeña.En plena campaña electoral, las estadísticas serán estiradas y zamarreadas para justificar propuestas antagónicas. La invitación a "comer sapos" será grande y la tentación de no creer en nada, un peligro creciente. Los adultos a los que nos gustan los números deberemos estar alertas, para intentar separar la paja del trigo.