Clonazepam y recesión
En el súmmum de su desvarío, CFK justificó el injustificable uso de la cadena nacional porque –en su mirada– otros medios sólo transmiten malas noticias, induciendo a la población (¡todos tontos!) a pensar que el país no avanza a toda velocidad y en la dirección correcta, tal como sucede en el imaginario presidencial.
Quienes se escandalizan por un eventual triunfo de Miguel del Sel en la provincia de Santa Fe deberían ver –quizá con ojo crítico– la cadena nacional que la Presidenta nos regaló el pasado jueves. El ex-Midachi no podría haber sido más desacartonado y f rívolo que la mandataria “vendiendo” heladeras y electrodomésticos, invitando a los 40 millones de argentinos y argentinas a determinados comercios minoristas.
En el súmmum de su desvarío, CFK justificó el injustificable uso de la cadena nacional porque –en su mirada– otros medios sólo transmiten malas noticias, induciendo a la población (¡todos tontos!) a pensar que el país no avanza a toda velocidad y en la dirección correcta, tal como sucede en el imaginario presidencial.
Esa maquiavélica distorsión de la realidad a la que nos someten los medios dominantes lleva a la pobre abuela de un ministro (que la Presidenta no quiso delatar) a tomar Rivotril para poder sobrellevar la situación. Rivotril es una de las marcas más conocidas en las que se presenta la droga Clonazepam, un ansiolítico y estabilizador del ánimo que también suelen tomar quienes padecen trastorno bipolar.
Clonazepam deben querer tomar cada noche miles y miles de empresarios Pyme que sienten (mucho antes que el poco confiable Indec lo ratifique) cómo la recesión acumula 19 meses consecutivos, sin que las autoridades atinen a un diagnóstico y un plan de salida de la caída (porque ni siquiera se dignan a hablar del tema).
Clonazepam necesitan los exportadores argentinos que ven cómo su magra competitividad se pulveriza frente a un real que se devalúa a grandes zancadas, mientras el Gobierno se empecina en mantener un tipo de cambio ficticio para no agravar la inflación y las chances de sus delfines electorales.
Seguramente la Argentina no será el desastre que pintan los candidatos de la oposición, pero mucho menos el país que quieren vender sus actuales gobernantes: los índices de pobreza no se dan a conocer desde la segunda parte de 2013, casi de manera coincidente con la gestión Kicillof en Economía. En una declaración que quedará en los anales de los dislates de los funcionarios, el ministro de Economía dijo que divulgar estos números (de pobres y pobreza) es “estigmatizante”. Ya lo había propuesto la particular Susanita en las tiras de Mafalda: por los pobres debería hacerse algo… al menos esconderlos de la vista pública. Trabajo bien hecho.

