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Cifras globales y recomendaciones

Los correos electrónicos son la principal causa de distracción e interrupción del tipo productivo en la oficina. 

18 de noviembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Cifras globales y recomendaciones

Este dato surge de un estudio realizado en 2012 por el Instituto Global McKinsey. Según el informe, los empleados de oficina altamente calificados pasan más de una cuarta parte de cada jornada laboral escribiendo y respondiendo e-mails.

En 2012, una encuesta realizada por Good Technology (proveedor de sistemas móviles seguros para las empresas) encontró que más de 80 por ciento de los encuestados continúa trabajando después de abandonar la oficina, 69 por ciento no puede irse a la cama sin revisar su bandeja de entrada y 38 por ciento revisa habitualmente sus e-mails de trabajo a la hora de cenar.

Esta actividad dificulta la concentración en el trabajo real, asegura Teresa Amabile, profesora de Administración de Negocios en la unidad de Gestión Empresarial de Harvard Business School. Según Amabile, los trabajadores son más creativos en días de poca presión. Por su parte, Gloria Mark, de la Universidad de California, estudió el impacto de privar de sus correos electrónicos a 13 personas del sector de tecnología de la información durante cinco días: encontró que las personas se concentraron en las tareas durante más tiempo y con menos estrés.

Desde la premisa de que el recurso más importante de la gente creativa es su tiempo sin interrupciones, los especialistas sugieren “bajar un cambio” y:

Tomar las cosas con calma. Los primeros beneficiarios serían los trabajadores creativos.

Aflojar la presión. Según Keith Murnighan (Kellogg School of Management) autor de Do Nothing (No hagas nada, libro de negocios que aborda el problema de la gestión excesiva), los mejores gerentes hacen foco en establecer las reglas correctas, contratar a las personas adecuadas, establecer incentivos apropiados, y luego, se hacen a un lado. Recomienda hacer y entrometerse "menos": racionar correos electrónicos, reducir las reuniones y librarse de jefes exageradamente celosos de su deber.