Camino a la corrida
Con el Mundial instalado en el centro de atención, la primera mitad del año se empieza a ir con una mala performance de casi todos los indicadores económicos.
El primer semestre está “jugado”. Con el Mundial instalado en el centro de atención, la primera mitad del año se empieza a ir con una mala performance de casi todos los indicadores económicos: las exportaciones no alcanzaron a “fondear” de dólares al Banco Central, las inversiones siguen siendo insuficientes y el consumo (el gran motor fogoneado del modelo K) entra en fase recesiva.
La situación “objetiva” (si tal cosa existiera) no sería tan inquietante si no fuera que la expectativa general (la situación subjetiva) no encuentra motivos para un repunte en la segunda mitad del año.
El “efecto paritaria” que muchos esperaban como un dinamizador del consumo no termina de llegar a las góndolas y los mostradores, y ahora la mirada está centrada en el medio aguinaldo.
Los comercios no sintieron el “efecto mundial” y el Día del Padre tampoco movió los stocks como deseaban en shoppings y otros minoristas.
La suba de precios que promedian algunos diputados opositores medida por diferentes consultoras (inflación Congreso) marca valores anuales en torno al 35 y 40 por ciento, muy por arriba del 25 por ciento en el que la propia Presidenta imaginaba que un país “estallaría por los aires”.
La táctica de subir drásticamente la tasa de interés para aminorar la espiral inflacionaria recibió la semana que terminó un golpe de timón: el Banco Central llevará a los bancos a tasas más moderadas para sus créditos y –paralelamente– también a tasas menores para depósitos. Con tasas negativas contra la inflación esperada, será muy probable que renazca la presión sobre el dólar blue , hoy tranquilo en torno a los 11,50 / 12,00 pesos.
El Gobierno está “ajustado” de dólares y la dinámica no es auspiciosa: mientras “pisa” importaciones (obligando a las empresas a generar ingresos de divisas por otras vías), no aparecen alternativas de ingresos importantes. Lo más sustancioso de la cosecha se está terminando y los créditos internacionales todavía son una perspectiva incierta. Inversiones de volumen no hay: ¿qué lógica tiene traer dólares a 8,15 con costos internos más propios de un dólar a 12 pesos?
Una creciente presión sobre el tipo de cambio será inevitable en el segundo semestre. El ministro Kicillof aseguró (a los únicos medios a los que da entrevistas) que “tiene poder de fuego”. Que vaya alistando su arsenal, porque después del Mundial va a tener que defender nuevamente el tipo de cambio.

