Burundi no es el camino
Sudán del Sur, Bielorrusia, Siria, Sudán, Irán, Etiopía, Malawi, Venezuela y Burundi. Esos son nueve de los diez países con mayor inflación del mundo, un listado en el que nuestra Argentina se integra en el sexto puesto, con su 25 por ciento de tasa anual.
Sudán del Sur, Bielorrusia, Siria, Sudán, Irán, Etiopía, Malawi, Venezuela y Burundi. Esos son nueve de los diez países con mayor inflación del mundo, un listado en el que nuestra Argentina se integra en el sexto puesto, con su 25 por ciento de tasa anual.
Los malabares poco ortodoxos del secretario-ministro Guillermo Moreno ya no alcanzan: no existen precios congelados y los productos Para Todos son una pobre pantomima que en nada impactan sobre el volumen de ventas de sus respectivas categorías.
A diferencia de 2011 y 2012, la inflación en 2013 tiene otros agravantes. La presión sobre las reservas del Banco Central aumentan semana a semana, a punto tal que en los primeros nueve meses del año se registró una venta neta de tenencias de casi 400 millones. En los años pasados, ese resultado entre compra y venta de dólares había sido positivo en tres mil y ocho mil millones, respectivamente. El barco va camino al iceberg y lo mejor sería ajustar la dirección en vez de buscar aminorar la marcha para dilatar el choque.
Y no es culpa del agro: el sector primario ya liquidó en lo que va del año (según datos del Iaraf) más divisas que el año pasado y casi la misma cantidad (20 mil millones) que en 2011, pero nada de eso es agua suficiente para el barril agujereado por la demanda de energía, las divisas del turismo y las menguadas importaciones que permite Moreno.
Del listado de respetables países que inician esta columna, ninguno es un ejemplo de institucionalidad y desarrollo. Además de los de esa tragedia humana que es África, encontramos a Siria (en virtual guerra civil) y a nuestra cercana Venezuela, precisamente la fuente de inspiración de varias políticas del kirchnerismo.
Tras la muerte de Hugo Chávez, en la república bolivariana las cosas van de mal en peor y el presidente Maduro no tiene camino de regreso: avanza en el atolladero que empuja a los venezolanos a una ruptura social aún mayor. El fantasma de la revuelta social al estilo “Caracazo” revolotea ese país, triste espejo adelantando que deberíamos dejar de mirar.
Tarde o temprano, Argentina deberá encarar un plan antiinflacionario táctico con un plan más general en materia económica para intentar reequilibrar el desbarajuste de precios relativos que creó el kirchnerismo. Como todo plan de gobierno, responderá a una visión del mundo, del país y de la organización social. Cualesquiera que sean esas visiones, no debería ser difícil consensuar que no es saludable para nadie vivir con 25 por ciento de inflación anual durante cinco años seguidos, y que proyectar las variables económicas públicas y privadas necesita un marco de previsibilidad a mediano plazo. No son definiciones tan difíciles de acordar. Lo contrario es ir por el sendero de países en desgracia.

