Vilvoorde, la ciudad belga que le cerró la puerta al imán
Hoy, el nombre de Vilvoorde aparece en periódicos del mundo por haber sido, durante unos meses, el hogar del imán de Ripoll, cerebro de los atentados en Cataluña.
La localidad belga de Vilvoorde, que lleva años luchando en la prevención del terrorismo yihadista, le cerró la puerta, en 2016, al imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, al recelar de sus inexistentes credenciales religiosas y de la escasa información que daba sobre su pasado.
Situada a 12 kilómetros de Bruselas y con algo más de 40 mil habitantes, Vilvoorde es una localidad industrial. Más del 30 por ciento de su población es extranjera, muchos de ellos marroquíes.
En 2012, Vilvoorde se situó tristemente en el mapa del terrorismo europeo después de saberse que una treintena de personas de la población habían viajado a Siria para unirse a las filas del Estado Islámico (EI).
Entonces, su alcalde, Hans Bonte, se puso manos a la obra e hizo de la lucha contra el terrorismo y la prevención de la radicalización su prioridad número uno.
Desde 2014, sus esfuerzos dieron fruto y ya no constan más viajes a Siria ni se conoce que existan terroristas en la localidad.
Ese trabajo, en el que está implicada la comunidad musulmana, fue clave para recelar de Es Satty, que fue incluso expulsado de la mezquita.
El imán local alertó a la Policía sobre las dudas que le despertaba Es Satty, lo que pone de relieve la implicación de la comunidad musulmana en el antiterrorismo.
Hoy, el nombre de Vilvoorde aparece en periódicos del mundo por haber sido, durante unos meses, el hogar del imán de Ripoll, cerebro de los atentados en Cataluña.
En la principal calle de la localidad, Abdel, un vecino marroquí, explica que lleva más de 20 años en Bélgica. “Cuando uno viene de afuera, es normal que haya quien desconfíe, pero uno trabaja, se muestra respetuoso y enseguida se gana el cariño de la gente”, asegura.

