Una guerra sin límites de tiempo, espacio o métodos
Fanatismos, guerras no convencionales, miedo, estigmas y desconfianzas mutuas... No era así como se idealizaba a la aldea global de este siglo 21.
La ofensiva lanzada por Estados Unidos y un puñado de monarquías árabes sobre milicias del Estado Islámico (EI) en Siria, aunque anunciada, abrió nuevos frentes e incorporó otros formatos a una guerra cuyos inicio y antecedentes no son tan nuevos.
Los cerca de cuatro minutos que Barack Obama empleó ayer para decir que hará “lo que sea necesario para acabar con este grupo terrorista”, o advertir que las acciones contra los islamistas se llevarán a cabo “donde sea que estén”, recordaron a las ambiguas delimitaciones de espacio, tiempo y métodos con que su predecesor en la Casa Blanca, George W. Bush, presentó la que definió como “guerra contra el terrorismo”.
Las palabras del actual presidente estadounidense tuvieron complemento en una frase de un general de su Estado Mayor Conjunto, quien definió los primeros bombardeos sobre suelo sirio como “contenidos, exitosos y con mínimos daños colaterales”. Una retórica no muy feliz que remite a otras intervenciones armadas lideradas por la megapotencia en distintas geografías y momentos históricos.
El volátil escenario sirio, con una guerra de más de tres años y 150 mil muertos, tiene ahora más actores.
El inicio de los ataques aéreos y la ofensiva con misiles sobre objetivos no iraquíes del EI ocurrieron horas después de un mensaje intimidatorio lanzado por un vocero de los islamistas, quien había exhortado a sus seguidores a atacar en cualquier parte del planeta a los estadounidenses y a sus aliados de la coalición que bombardeaba ya desde inicios de agosto posiciones de los yihadistas cercanas a Mosul y a otras ciudades iraquíes.
Al apuntar contra Estados Unidos y sus socios europeos, el grupo radical puso a Francia en el foco de sus amenazas del lunes. El presidente socialista, François Hollande, fue uno de los impulsores de la coalición de cerca de 40 países destinada a combatir al EI. Casi al mismo tiempo que se conocían las diatribas islamistas contra París, un grupo fundamentalista argelino ligado a la red Al Qaeda parecía responder a la arenga integrista y divulgaba el video de un turista francés secuestrado, a quien amenazaba con ejecutar si los bombardeos contra el Estado Islámico no se detenían. La escena hizo temer para este ciudadano el mismo final atroz que tuvieron dos periodistas estadounidenses y un voluntario británico, cuyas decapitaciones difundieron los islamistas en tres videos espeluznantes.
La estrategia de insuflar terror le ha dado resultados al EI en su avance en los campos de batalla del norte iraquí y del este y norte de Siria. Pero también parece haber producido efectos en una sociedad como la francesa, muchos de cuyos miembros temen un atentado como represalia al alineamiento del Elíseo con los planes de Washington. Ese miedo quizá no tarde en acentuar los recelos hacia la numerosa comunidad de origen árabe que puebla Francia. Sobre todo si la desconfianza se atiza con discursos xenófobos como los del Frente Nacional, que hoy lidera los sondeos.
El terrorismo con sus acciones, golpes de efecto y lenguaje, multiplicados ahora a través de redes sociales o las nuevas tecnologías, abona el terreno para respuestas no siempre mesuradas. Tras el fatídico 11-S de 2001, las invasiones a Afganistán e Irak segaron la vida de miles de civiles que nada tenían que ver con la red de Osama bin Laden, y los estigmas se multiplicaron en Estados Unidos y el mundo entero hacia todo lo que tuviera relación con los musulmanes.
Ni Estado ni islámico
Obama hizo bien, un par de miércoles atrás, cuando al anunciar que atacaría al EI aclaró que la autodenominación de ese grupo que proclamó un “califato” entre Irak y Siria es falsa, porque “ni es un Estado ni es islámico”. Ojalá a la aclaración del presidente estadounidense la tengan presente todos sus compatriotas, en especial los militares que actúan en el frente y los funcionarios de una Justicia en la que, tras el ataque a las Gemelas y el Pentágono, afloraron abusos contra minorías y prácticas cargadas de oscurantismo.
Los horrendos crímenes del EI y los bombardeos de antenoche y ayer dejaron estremecedoras fotos de una nueva guerra, aunque sea sólo la continuidad de un conflicto que nunca terminó.
Fanatismos, guerras no convencionales, miedo, estigmas y desconfianzas mutuas… No era así como se idealizaba a la aldea global de este siglo 21.

